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Festival San Sebastián 2015 – Crónica del día 1

Comenzamos la 63ª edición del Festival de San Sebastián acudiendo a la premiere de la esperada nueva película de Amenabar, Regresión, que se presenta como cinta de apertura del evento.

El autor traslada la acción a los años 90 para narrar un thriller sobre obsesiones, mitos y mentiras. Precisamente fue en esa década cuando el director español estrenó su primer largometraje, Tesis, donde estudiaba los límites de la realidad en los medios de masa, y Abre los ojos, donde cuestiona la validez de los recuerdos.

Estos temas son tratados también en Regresión pero, a diferencia de esta, sus primeras películas tenían un sentido más humilde, más artesanal, que en esta última se pierde en favor de una concepción más ambiciosa, con una intención más amplia, y por eso su caída es aún más notoria. Se desvanece la figura de Amenábar como creador/interventor para poder construir una obra convencional, impersonal y seca, con un corte más cercano al telefilm de sobremesa que al de un thriller siquiera correcto, pues su coqueteo con asuntos más propios del terror efectista –a base de golpes de sonido– o del drama introspectivo de brocha gorda no hacen más que estropear una atmósfera que ya era de cartón piedra. La pretensión comercial se pone de manifiesto en el continuo subrayado de la explicación de cada giro narrativo, lo que da a la película un carácter limitado y temporal, pues evita cualquier hallazgo posible en revisiones posteriores.

El trabajo actoral deja, desgraciadamente, mucho que desear. El personaje interpretado por Emma Watson carece de la fuerza necesaria para poder convertirse en el centro gravitatorio de la cinta, y el contrapunto que debiera haber creado Ethan Hawke se va deshaciendo progresivamente en cada escena, por lo que ni ellos son capaces de salvar del desastre la gran decepción que acaba suponiendo Regresión.

Regression1

A continuación hemos podido visionar una pequeña película a concurso en Nuev@s director@s: Pikadero, de Ben Sharrock. A pesar de que su sinopsis no auguraba nada demasiado positivo, su tono y su estilo son los que le aportan su singularidad. La obra recoge la etapa adulta de dos personas desde un enfoque anterior, observando la madurez desde la inocencia propia de la niñez, con colores pastel y composiciones aparentemente dulces. Ben Sharrock crea una comedia situacional con el predominio del plano fijo y los enfoques caricaturescos –que podrían recordar a películas como El inadaptado o autores como Wes Anderson– que deforman la realidad hasta presentarla de una forma más amable, centrando la atención en la gestualidad y los silencios, que forman parte de la primera joya vista en el festival.

Pikadero

Y como broche final del día pudimos ver Truman, de Cesc Gay. Como en obras anteriores, el director catalán analiza las relaciones interpersonales desde un punto de vista agridulce, intentando asemejarse lo máximo posible al tono de la vida real sin renunciar a su identidad narradora. Gay expone los sentimientos de sus personajes sin tapujos pero sin refuerzos, dejando que sea el espectador el que elija sus emociones junto a ellos, evitando cualquier tipo de ayuda extra –música artificial o escenas tramposas. Así, acompañamos a los personajes de Julián (Ricardo Darín) y Tomás (Javier Cámara) en un viaje con enfermedad, pero no sobre enfermedad, en el que se repasa la trayectoria vital del primero –como se supone que se revisa la existencia de uno mismo antes de morir– y se deja atado un posible futuro al ser consciente del final. Una cinta sincera, dolorosa y, a la vez, luminosa. La mejor película de este primer día.

Truman