Uncategorized

Ático sin ascensor – Una historia de Brooklyn

Ruth (Diane Keaton) y Alex (Morgan Freeman) son una pareja de la tercera edad que lleva viviendo en un acogedor ático de Nueva York todo su matrimonio. Pero a medida que pasan los años les resulta más difícil subir a su apartamento, pues el edificio carece de ascensor, así que deciden vender su casa y buscar un nuevo hogar mejor equipado.

atico02

Ático sin ascensor fluctúa durante todo su metraje entorno a dos ejes: el sentimentalismo nostálgico y la comedia ligera. La intención de abandono del piso en el que la pareja ha habitado durante toda su vida conjunta crea un clima melancólico, que Richard Loncraine potencia mediante flashbacks continuos. Y son estos los que considero el principal lastre de la película, pues apelan a una complicidad inexistente entre el espectador y los protagonistas, y parecen tener el único objetivo de demostrar la rebeldía de la pareja en distintas circunstancias pasadas –ante el racismo, imposiciones sociales, familia tradicional– para justificar las artificiales decisiones futuras. Por ello, las escenas emotivas –que conforman la mayor parte de la obra– se vuelven torpes y forzadas, pues necesitan de una conexión que el público nunca llega a realizar por parecer más una imposición que una invitación.

La cara cómica de la cinta es quizá lo que mejor funciona, pero al tener un tono tan suave –para no desbaratar la naturaleza amable y blanca de la película– y estar muy racionada, acaba resultando excesivamente aguada. El punto álgido de esta faceta se encuentra en los episodios que se desarrollan en las open houses, cuyo carácter alocado y caótico podría recordar a la famosa escena del camarote de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera, pero su desviación hacia derroteros más sensibles termina por convertirlos en algo menor.

atico01

En las últimas semanas hemos vuelto a ver en pantalla grande a varios actores consagrados en papeles protagonistas –Al Pacino en Señor Manglehorn, Dustin Hoffman en El coro…– cuyas interpretaciones, independientemente del resultado final de la película, eran bastante destacables. Pero en el caso de Diane Keaton y Morgan Freeman, aunque tengan una química palpable, sus actuaciones en Ático sin ascensor se ven tan limitadas por los descuidos de la película y lo plano de sus personajes que resulta imposible que brillen con luz propia, acabando cubiertos también por el olvido al que parece estar destinada cinta de Richard Loncraine.