Críticas, Estrenos

Grandma – Doble reseña

Senectud y juventud

Hace escasos días visioné la ópera prima de Paul Weitz, American Pie. Me pareció un producto banal, innecesariamente burdo e insultante, a pesar de que, por desgracia, su humor chabacano tenga efecto en mí. Pero fue interesante para apreciar el proceso de maduración que ha sufrido Weitz como director. Dista mucho de ser alguien con verdadero talento, pero posee ideas atractivas. En Grandma, su última película, no tenemos jóvenes obsesionados con el sexo, despreocupados totalmente por su futuro, inconscientes de las posibles consecuencias de sus acciones; tenemos la continuación de ese prototipo con el personaje de Sage, una adolescente que se ha quedado embarazada. Tras decidir ocultárselo a su madre, decide acudir a su abuela Elle, que recién ha terminado su relación con Olive, para que le ayude a conseguir el dinero para practicarse un aborto. Gracias a este conflicto, Weitz decide generar el típico contraste generacional. Pero la verdadera singularidad es que el personaje que debería portar sobre sus hombros la experiencia, el de la abuela, sufre una crisis existencial. De esta forma, la road movie no sólo se convierte en la búsqueda del dinero para ese aborto, sino en la búsqueda algo significativo en la retrospección que se hace al pasado y, de esta forma, hablarnos sobre el efecto que tiene el tiempo en las relaciones.

Grandma 3

Lily Tomlin, que muchos vaticinan que puede alzarse con una nominación –la primera en su carrera– a los premios Oscar, realiza un trabajo contenido, deliciosamente irónico. La comedia funciona, es sutil y fluida, pero Weitz decide forzar demasiado ciertas situaciones en pos de un dramatismo que no sólo no funciona, sino que chirría demasiado. Su acto final termina por desentonar debido al cambio brusco que supone en el tono de la película. Se rompe de manera zafia y busca crear un happy ending que decepciona, pues tenía todo a su favor para crear un cierre agrio, que destilase optimismo, pero al mismo tiempo fuese desolador. Una pena.

Brian Garrido

Perdiendo fuelle

Grandma podría haber sido una gran película. A ratos lo es. Si digo esto es porque, con matices, no me parece que lo sea. Paul Weitz, el hombre que más de una década atrás dirigiera American Pie, ha ido madurando su estilo de forma que es imposible asociar ambos títulos a un mismo creador. Su nueva película gira en torno a una mujer homosexual de avanzada edad que acaba de dejar a su pareja tras cuatro meses de relación. Elle, quien fuera una escritora de éxito años atrás, se encuentra sumida en una crisis existencial por la pérdida de la mujer con la que compartió treinta años. Cuando Sage, su nieta, le pide 600 euros para realizarse un aborto, Elle deberá resolver algunos episodios de su vida pasada. No es casualidad que esta suerte de road movie esté estructura en capítulos, los cuales se corresponden con poemas que la propia Elle escribió.

Grandma 2

El camino de Grandma es fabuloso. En su inicio se mantiene cercana -y recuerda- al mejor cine indie estadounidense en cuanto a la temática y a la importancia de la iluminación, pero también a los Dardenne por la cámara en mano y la cercanía de ésta respecto al rostro de sus principales intérpretes: una genial Lily Tomlin, cuya interpretación la sitúa entre las candidatas a nominación en todos lo premios importantes, y una sorprendente Julia Garner que logra transmitir mucho a través de la mirada. Por desgracia, conforme el metraje avanza la película se convencionaliza; fuerza un poco el drama en la segunda mitad, perdiendo así la frescura inicial y llevando la cinta por el clásico camino de cualquier feel-good movie que se precie.

Grandma me deja una sensación un tanto agridulce. Es mejor que la mayoría de dramedias comerciales que se estrenan periódicamente, pero se queda a medio camino a la hora de trazar un interesante retrato intergeneracional, quizá debido a esa división en capítulos que pretende indagar en todos los recovecos de la existencia de una Lily Tomlin entregada y cautivadora.

Iván Ginés

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