Críticas, Otros

La aventura – Vacío

En cierto momento de «La ventana indiscreta», un personaje le señala al protagonista que parece un entomólogo observando a los miembros de su vecindario como aquel observa a los insectos. Esa observación meticulosa y analítica y la obsesión con un hecho aparentemente real que podría ser fruto de la imaginación la convierten junto a «El fotógrafo del pánico» –por motivos muy distintos– en una de las películas con las que habitualmente se suele comparar «Blow-Up» de Michelangelo Antonioni.

Sin embargo, creo que no es la comparación más interesante que surge de analizar ambos trabajos, y es que la labor de Antonioni en todo su cine y particularmente en cimas como «La aventura» o «Blow-Up» no anda muy lejos del trabajo de entomología que atribuyen al personaje de la película de Hitchcock. Antonioni, que en más de una ocasión afirmó que sus personajes no le interesan más que el paisaje que los rodea, los utiliza como elementos para construir su tesis sobre la incomunicación y el fracaso de las relaciones humanas.

No se me ocurre un solo personaje por el que pueda decir que el cineasta siente algo de aprecio. De cada uno de los protagonistas, Antonioni da muestras de detestar su esnobismo, su frialdad, su incapacidad para comprometerse y su superficialidad. Son meros objetos que sustentan su discurso, un discurso amargo y desesperanzador. El plano final, el único de la película que desprende emotividad, puede entenderse como una chispa de esperanza en una película cargada de tristeza o como la última burla hacia unos personajes que aspiran a algo que ni reciben ni merecen.

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Sorprende poco que la película causase tal revuelo en 1960. Mientras Hitchcock al otro lado del océano confundía al espectador eliminando a la protagonista –punto de conexión del espectador– y llevando a un punto muerto la historia que hasta ahora se había presentado, colocándonos en una situación de desconcierto en la que apenas tenemos un hilo argumental al que agarrarnos, Antonioni va mucho más allá subvirtiendo la estructura habitual del cine de intriga y convirtiendo el elemento clave de la película en punto de partida para explorar los temas que verdaderamente le interesan, olvidando por completo lo que para él no tiene ninguna relevancia, y que para nosotros tampoco debería tenerla.

Así, el cineasta italiano pone al servicio de su historia todos los recursos que el cine le ofrece, destacando en especial una magnífica composición de los planos, cuidada hasta el más mínimo detalle, que refuerza su idea de la incomunicación presentando a sus personajes en paisajes abandonados, en calles desérticas o en azoteas vacías en las que los protagonistas –en postura defensiva– se dan la espalda, rechazándose mutuamente mediante sus posiciones en la imagen.

Antonioni genera acción a partir de la ausencia de acción, y desde su grúa examina, escruta, analiza y compone una sinfonía de la tristeza, la falta de comunicación y la soledad. Cine desolador.

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SPOILER:

Claudia, dubitativa, acerca su mano a la cabeza de Sandro. Inicialmente se resiste, pero finalmente termina por acariciar su cabello en una imagen que podría ser, como decía anteriormente, la primera muestra de verdadero cariño en toda la película. Sin embargo, la ausencia de palabras, la tristeza que desprende la imagen (una pared desnuda, un banco solitario, una montaña lejana y una sencilla barandilla de hierro) no inspira ninguna calidez.

Es una caricia de impotencia. No hay esperanza ni solución.

2 Comments

  1. Álvaro Faure Álvaro Faure Author

    Hola, GKaplan. Me alegra mucho que te haya gustado el texto, estoy de acuerdo contigo en que Antonioni era un auténtico genio, y también en la comparación con Tarkovski, uno de mis cineastas favoritos (y por poco no el que más de todos ellos). Las películas de ambos dan para escribir un libro de cada uno de ellas.

    Muchas gracias por leer.

  2. GKaplan

    Maravilloso artículo. No sé cómo he acabado aquí, pero me ha encantado. Antonioni era un genio absoluto. Me sigue hipnotizando su forma de componer el plano. Creo que sólo Tarkovski y él han sabido plasmar auténtica belleza en sus composiciones, más allá de la parte narrativa. Enhorabuena por el artículo ;)

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