Críticas, Estrenos

Victoria – Tu (su) vida en 140 minutos

Victoria 2

Si Birdman, que llegó a nuestras salas a comienzos de este mismo año, fue vendida como una película rodada en un plano secuencia sin ser del todo cierto, ¿por qué no iba a poder promocionarse Victoria de la misma manera si lo es de verdad? Es evidente que un plano secuencia de dos horas y veinte minutos de duración es motivo suficiente para aprovecharlo en la promoción de la cinta, independientemente de la calidad de los demás aspectos y de la propia película. Ya puede ser una verdadera obra maestra, que un único plano secuencia de casi dos horas y media de duración seguirá siendo el vehículo principal para venderla al público.

Es cierto que casi todas las opiniones sobre Victoria coinciden en que técnicamente es una verdadera pasada, pero también lo es que gran parte de las mismas señalan que hay poco o nada detrás de tal prodigio técnico. A mí me parece que hay mucho más allá de ese loable plano secuencia, hasta tal punto que durante el visionado me olvidé por momentos de esa peculiaridad. En cualquier caso, su utilización está más que justificada, por lo que en ese sentido los reproches tendrán una validez algo dudosa. A pesar de las dificultades para sacar adelante esa toma nocturna, la cinta de Schipper no es ni mucho menos ambiciosa. Por eso mismo me parece que deja en paños menores a cintas mucho más grandilocuentes, conscientes de sí mismas, como por ejemplo El arca rusa de Alexander Sokurov.

Victoria 3

En esta ardua tarea, donde el plano secuencia es llevado hasta el límite, con las limitaciones que conlleva, seguimos en tiempo real a Victoria, una joven española afincada en Berlín que se encuentra sola -inmejorable presentación del personaje, que más tarde nos hará entender sus decisiones- en una discoteca del barrio de Kreuzberg a las cuatro de la mañana. La cámara no se separa en ningún momento de nuestra protagonista, que desconoce que ocurrirán cosas que harán que su vida cambie -o empiece- por completo.

Dejando a un lado el extraordinario trabajo técnico, tanto en lo relativo a la delicada puesta en escena como al excepcional uso de la música extradiegética, hay que destacar una labor interpretativa encomiable, sobre todo por parte de la catalana Laia Costa y del joven Frederick Lau. Victoria es una película que encierra mucho bajo su decisión formal (y narrativa): no sólo desarrolla un personaje femenino con mucha más profundidad de la aparente, lo que se materializa en el momento que Victoria se sienta frente al piano de su cafetería y nos aclara ciertas cosas de su pasado, sino que nos habla sobre la precariedad juvenil y la verdadera amistad, para mutar a continuación en un thriller criminal de envidiable pulso narrativo. Un ejercicio de estilo capaz de atrapar al espectador, aunque éste sea capaz de dudar, inexplicablemente, sobre la verosimilitud de los acontecimientos.

Victoria 4

Sería muy interesante asistir a una sesión doble con Victoria y Paulina, ganadora de diversos premios en el pasado Festival de San Sebastián, pues a ambas les dan nombre dos de los personajes femeninos más interesantes de los últimos años, y ambas han conseguido resultados idénticos en un sentido determinado: causar rechazo en algunos espectadores que no entienden sus comportamientos. Hablo tanto de las películas como de las protagonistas, cuya entidad se apropia por momentos de la obra -de manera más evidente en el segundo trabajo de Santiago Mitre-. Porque Victoria, planos secuencia aparte, es la vida de una joven en 140 minutos. Una experiencia a todas luces fascinante.

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