Festival de San Sebastián 2015, Festivales

Festival San Sebastián 2015 – Crónica del día 5

Comenzamos la quinta etapa con el visionado de Irrational Man, la última película de Woody Allen y su segunda colaboración con Emma Stone. La cinta descansa sobre dos vértices, dos personajes que basan sus relaciones en la colocación en situaciones que les aseguren que son lo que quieren ser. De esta forma, Jill (Emma Stone) recurre a la idealización del artista atormentado para reafirmar su posición de superioridad intelectual ante sus iguales, mientras que Abe (Joaquin Phoenix) trasfiere a un acto fortuito la responsabilidad de aliviar sus problemas personales, adquiriendo con ello una moral cuestionable de la que debe autoconvencerse. Estas dos éticas son expuestas al público mediante uno de los que considero mayores aciertos de la obra, la doble perspectiva en primera persona, que permite al estadounidense contrastar la oscuridad y profundidad típicas de la muerte con un enfoque positivo, ligero y colorista propio, remarcando el absurdo de llenar el vacío existencial con otra acción vacía y utilitarista.

El tema principal que sobrevuela la cinta –aparte de la muerte, pero ligado a ella– es el azar, que ya había sido una constante en obras anteriores de Allen. Por ejemplo, a pesar de que los tonos sean muy diferentes, la importancia de la casualidad en Match Point era absoluta, y la elegancia del tratamiento al que la sometía Allen conseguía que jamás se viera cuestionada. Pero en Irrational Man la justificación de su uso es tan torpe que necesita recurrir incluso a subrayados que desvirtúan el resultado final de la obra, consiguiendo que esté ligeramente por encima de las tres anteriores del autor, pero dejando un regusto general algo decepcionante.


Tras exponer en Después de Lucía su particular modo de atajar la realidad –la observación selectiva–, Michel Franco logra en Chronic la depuración de este estilo, e introduce un elemento que –paradójicamente- se come todo lo que le rodea: su protagonista. Y digo paradójicamente porque el director consigue crear un personaje principal vacío, no por una carencia de definición en la cinta, sino debido a que su ser posee un carácter fluido: no tiene una naturaleza propia, sino que adquiere la de su continente. Pero esto no quiere decir que el mexicano le asigne a Tim Roth una condición inocua, sino que juega con su ambigüedad para ceder al espectador el poder de identificarlo en una escala de grises que va desde el altruismo hasta la apropiación. Al contrario que en su anterior película, en la que el público se enfrentaba a una situación de la que era consciente, en Chronic, Franco juega con las luces y las sombras, y establece los silencios cotidianos como impulsores de un clima de calma inquieta que se mantiene hasta desgarrarse en su final, que despertó alguna controversia en la crítica, pero que considero el más coherente como ruptura de la naturaleza errante del personaje. Así, el cineasta construye una obra más contenida –que no tranquila–, angustiosa y madura, que se pasa también a ser en una de las mejores películas vistas en el Festival de San Sebastián.

Chronic01


Por último pudimos ver 600 millas, ganadora del premio a la Mejor ópera prima en el pasado Festival de Berlín y preseleccionada por México para la categoría de Mejor película de habla no inglesa en los Oscar. La obra de Gabriel Ripstein es la tercera y última de las películas del festival que nacieron de la colaboración entre este director, Michel Franco y Lorenzo Vigas, y –a mi parecer– es también la más floja.

La cinta comparte algo más que los productores con las otras dos: toma de Chronic su actor principal, y se une a Desde allá en su estudio de la relación de necesidad que se establece entre dos individuos aparentemente contrarios. Sobre este último aspecto, Ripstein fuerza la confrontación mediante la conversión de la película en una road-movie hacia la redención. Así, el director se recrea en un juego de poderes, obligando a aceptar una función dominante a un personaje sumiso, que necesita agarrarse a su nuevo papel ilusorio para poder aceptar su verdadera identidad, mientras está siendo oprimido realmente por una amenaza camuflada de indefensión. Uno de sus puntos positivos podría ser la capacidad para extrapolar su historia a la relación real existente entre Estados Unidos y México, pero el director no juega bien sus cartas y la película no llega nunca a conseguir una definición concreta, quedándose en un viaje insulso que vaga hacia el olvido. Una pena.

600 millas

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