Festival de San Sebastián 2015

63 Festival de San Sebastián – Días 8 y 9

Black Mass (Scott Cooper)

No era grande la expectación ante el tercer largometraje de Scott Cooper, lo que hace más leve la caída. Y es que quien espere de «Black Mass» algo más que un aceptable entretenimiento, probablemente se acabe llevando una decepción.

La cinta protagonizada por un convincente Johnny Depp ya la hemos visto un millón de veces, de tal forma que la única razón por la cual se me ocurre que alguien disfrutaría de «Black Mass» es porque lo único que espera de ella es que le distraiga, lo que le pedirá al millar de películas exactamente iguales a ésta, que aportan exactamente lo mismo a un espectador que por experiencia conoce ya de antemano todas las secuencias y todos los diálogos.

No encuentro ninguna conexión con ningún personaje, no encuentro ningún atisbo de cine, ninguna escena que merezca ser destacada como sí lo hace –por ridículo– su bochornoso epílogo. Se deja ver, sí, como cualquier cosa. Aquí no vale el «algo es algo», porque eso no es nada. En definitiva, una cinta para quien quiera lo único que promete. Por mi parte, esto ya lo he visto muchas veces, y casi siempre mejor.

El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra)

Por el contrario, el también tercer largometraje de Ciro Guerra es una obra especialísima y gigante, de una belleza indescriptible, que proporciona una experiencia única a las puertas del cierre de esta edición del Festival de San Sebastián.

Guerra ya había demostrado en sus anteriores trabajos su gran talento para narrar historias cargadas de lirismo, acompañada en su película más reciente de un gran despliegue visual que no solo se repite en «El abrazo de la serpiente» sino que es superado con creces, consiguiendo una de las cintas visualmente más impactantes que se han visto este año, en la que cada plano respira al tiempo que transmite al espectador la pureza del aire del Amazonas, una región que el director sabe exprimir al máximo, captando su misterio, su belleza y su magia.

No han sido pocas las obras maestras con las que ha sido comparada «El abrazo de la serpiente». La comparación más escuchada es la que la relaciona con la«Apocalypse Now» de Francis Ford Coppola, a la cual recuerda por sus largas travesías por el río a través de la inhóspita selva, y aunque la referencia más clara es la de Herzog, el viaje espiritual que al que se someten los protagonistas y el misticismo que desprende me trae el recuerdo de la magnética y mágica «Dead Man» de Jim Jarmusch.

Símiles aparte, es un gusto perderse entre los fotogramas de esta maravilla que ganará con los revisionados pese a que ya fascina con el primero. Una de las películas más impresionantes que he visto en mucho tiempo.

Paulina (Santiago Mitre)

Nos despedimos de esta edición con la proyección de la película ganadora del Premio de la Juventud, que otorgan mediante sus votaciones los miembros del Jurado Joven del Festival. En su segundo largometraje –un remake de «La patota» de Daniel Tinayre–, el argentino Santiago Mitre construye un drama de gran fuerza emotiva que se sostiene completamente sobre los hombros de su complejo personaje protagonista, Paulina, una joven idealista que será víctima de una violación.

Mitre narra con talento una historia que se va cociendo a fuego lento, alcanzando sus mejores momentos narrativos en los diálogos que Paulina mantiene con el padre, y sus momentos de mayor fuerza cinematográfica en algunas escenas en silencio –como la espera para la conversación en el punto de encuentro acordado– en las que destaca como nunca el excepcional trabajo de Dolores Fonzi, capaz de transmitir solo con su triste y decidida mirada.

No obstante, encuentro en una de sus virtudes también su mayor defecto, y es que aunque agradezco la ausencia de subrayados sobre el comportamiento de la protagonista y la ambigüedad que eso otorga a algunos aspectos de la trama, finalmente –aunque consigo entender en general su punto de vista– termino preguntándome lo que en un momento le cuestiona a Paulina su amiga: «¿Qué es lo que quieres demostrar?». No termino por entender las reacciones de la protagonista, y aunque esto se relaciona con una respuesta que ella misma da al respecto «Es que yo lo he vivido», no deja de incomodarme que, cuando tengo el puzle casi completo, descubra que la caja está vacía sin saber si soy yo quien ha perdido las piezas o si el guionista me lo ha vendido defectuoso.

En cualquier caso, un drama complejo, duro y directo, orquestado por una mano con un talento tremendo para narrar con contención y sensibilidad. Un perfecto colofón para una fantástica edición del Festival de San Sebastián.

Crónica publicada originalmente en TViso. Para leerla en TViso pinche aquí

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