Festival de San Sebastián 2015

63 Festival de San Sebastián – Día 5

High-Rise (Ben Wheatley)

El quinto día se inicia con una de las películas más esperadas y probablemente la cinta rodeada de mayor expectación en la Sección Oficial. El particular estilo de Wheatley ha ido captando adeptos con los años, y la idea de un nuevo proyecto de mucho presupuesto que adapta una novela de Ballard era jugosa tanto para los más fieles como para los que, sin adorar al cineasta británico, nos sentimos interesados por su cine.

Y no sólo ha conseguido no decepcionar –logrando la que es con diferencia su mejor (y más ambiciosa) película– sino que ha demostrado ser un director con un talento descomunal, que alcanza su máximo esplendor en la primera hora de «High-Rise», una primera parte magnífica e impecable que, de forma aislada, fácilmente podría entrar entre lo mejor que he visto en esta edición del festival.

No obstante, la impresionante puesta en escena de Wheatley se desinfla en su segunda mitad, donde reaparece el cineasta gamberro en detrimento del brillante director, tomando la cinta un rumbo caracterizado por un tono excesivo y grotesco cercano al de trabajos como «Kill List» o «A Field of England» con mucho presupuesto, que poco o nada tiene que ver con lo que habíamos visto en la primera mitad.

Quienes conecten fácilmente con su estilo, encontrarán absoluto disfrute en ambas partes, pero los que nos agotamos rápido con la fórmula de Wheatley sólo obtenemos un disfrute moderado de la segunda hora de película, dándonos la sensación de estar ante una gran cinta de inicio potente pero resultado finalmente irregular que, sin embargo, es de lo mejor de esta Sección Oficial, está hecha para ganar con los análisis y revisionados, y es toda una declaración de intenciones de un prometedor y personal cineasta.

 

Irrational Man (Woody Allen)

Y si la expectación era alta con el nuevo trabajo de Ben Wheatley, nunca es baja ante el estreno de la nueva película de Woody Allen, en esta ocasión protagonizada por uno de los mejores actores del momento y girando alrededor de un tema que ha dado lugar a dos de sus mejores películas (entre sus cinco mejores, en mi opinión): «Delitos y faltas» y «Match Point», así como a la algo menor aunque fantástica «El sueño de Casandra».

Curiosamente, pese a que es de las dos primeras de las que se ha hablado, «Irrational Man» tiene más que ver con esta última, pues mientras que «Delitos y faltas» era una película con dos subtramas principales, una cómica y otra dramática, y «Match Point» era una cinta puramente dramática, el estilo de su nueva cinta es más cercano al de «El sueño de Casandra»: un drama en clave de humor.

Y es que en ningún momento estamos viendo una comedia al uso, porque su función no es hacernos reír y no encontramos gags intencionados, sino que más bien nos reímos de las situaciones o de los diálogos y salidas de tono de unos personajes que conversan como lo haría cualquiera en la vida real sin un fin cómico. Es, pues, un drama sobre una persona que ha perdido su razón de ser y encuentra un sentido para su vida nada más y nada menos que en la propia muerte.

Allen aprovecha este punto de partida para reflexionar sobre temas que siempre le han preocupado como la monotonía, las relaciones amorosas o –cómo no– la propia muerte y la estética del crimen. Todo este drama se encuentra bajo tierra, oculto bajo una capa de liviandad y comicidad que hacen de la cinta algo ameno, fresco y divertido pero nunca vacío y simple, pues esconde mucho más de lo que parece a simple vista.

Algo a lo que el genio neoyorquino nos tiene acostumbrados tanto en sus mejores como en sus trabajos más flojos. Éste, en mi opinión, no pertenece ni a los unos ni a los otros, es una buena película, para ver y revisar.

Crítica completa (incluye spoiler) aquí.

 

Taxi Teherán (Jafar Panahi)

Se necesita mucho ingenio para seguir haciendo cine cuando te lo han prohibido. Condenado a no poder abandonar el país y a no poder hacer películas ni recibir entrevistas, a costa de haber participado en protestas pacíficas y haber retratado en anteriores trabajos la «realidad sórdida» que vive su país, Jafar Panahi se las ingenia como puede para contar lo que quiere contar. «Esto no es una película», que llegó al Festival de Cannes en un pendrive oculto dentro de una tarta es el primer intento del cineasta iraní de hacer cine sin poder hacer cine, aprovechando el formato documental para interpretar el guión de su película y contar su realidad, esquivando así la prohibición impuesta.

«Esto no es una película», que funcionaba al mismo tiempo como desafío al régimen, crítica a su entorno social y gran broma –tomándose con humor la terrible situación en la que se encuentra–, no fue bien recibida por su gobierno, que volvió a arremeter contra él. En un nuevo intento de transmitir al tiempo que levanta ampollas, Panahi se sienta ahora frente al volante de un taxi y vuelve a filmar «algo que no es una película» que al igual que «Esto no es una película», funciona a varios niveles.

En primer lugar, juega con la confusión del espectador, que no sabe si lo que está viendo nace de un guión o si es algo espontáneo e improvisado y si la gente que participa en la película son actores o son gente de a pie. Conforme avanza, empezamos a ser conscientes de que todo está perfectamente planificado y orquestado por Panahi, y empieza a entreverse la crítica –más dura que en su trabajo de 2011 si cabe– al régimen y el magnífico retrato de los problemas de la sociedad.

En ese juego inicial, en lo infinitamente sutil de la crítica –qué fácil habría sido caer en el reproche directo y qué bien lo sortea Panahi– y en el encanto que desprenden todos los personajes que aparecen en la cinta se encuentran los logros del nuevo trabajo del iraní, que encierra un fuerte mensaje político sobre una dura realidad, pero que está narrado con chispa y con un humor que, en bastantes, ocasiones arrancó carcajadas a toda la sala. Inteligente y muy divertida.

 

600 Millas (Gabriel Ripstein)

El debut de Gabriel Ripstein nace de una idea muy interesante que se estropea por culpa de un pésimo desarrollo. El planteamiento de la cinta es sencillo: Un joven se ve forzado a «secuestrar» a un veterano agente de la ATF, junto al que viajará en coche durante dieciocho horas en las que el personaje interpretado por Tim Roth tratará de ganarse el favor de su torpe secuestrador.

Aunque Ripstein –probablemente influido por el cine de su amigo y productor, Michel Franco– filma con talento, haciendo un fantástico uso de los planos largos y de los momentos «monótonos» en los que aparentemente no está ocurriendo nada pero se está contando mucho, es incapaz de dar forma a un guión estúpido, plagado de escenas y momentos ridículos, irregular como pocos (incomprensible la duración de la presentación, que se podría haber contado de forma igual o más efectiva en la mitad de tiempo) y terriblemente desestructurado.

Una de las cosas que más me sorprenden de él es que el supuesto golpe final de la cinta, la revelación decisiva (que en sí está muy lograda, mediante un plano silencioso mientras aparecen los créditos) no suponga ninguna sorpresa, dado que ya se ha sugerido de forma bastante clara hasta en dos ocasiones a lo largo del metraje. Un ejemplo más de las torpezas de un desastroso libreto que nada es capaz de salvar.

 

Chronic (Michel Franco)

En las antípodas de su compatriota se encuentra el brillante Michel Franco, que tras la genial «Después de Lucía» presenta en la 63 edición del Festival de San Sebastián una película fiel a su estilo pero más madura y redonda. «Chronic» es una cinta dura y terrible, narrada mediante elipsis –marca de la casa– que separan momentos aislados de la vida del protagonista y que escena a escena nos va aportando información sobre su vida y sobre su drama.

Michel Franco es uno de los cineastas más talentosos del momento, prueba de ello son los premios que ha recibido en Cannes –donde «Chronic» se hizo con el de Mejor guión– por sus dos últimos trabajos, que lo reconocen como un un narrador magnífico con una mirada única para explorar dramas sociales. Si algunos cineastas entienden por «filmar la vida» el recolectar toda la información de sus protagonistas, filmándolos en las tareas más simples y vacías de su día a día, Franco –mucho más inteligente– selecciona los momentos rutinarios y «vacíos» más «completos» de sus personajes, de manera que todas las escenas de sus películas suministran información sobre los sentimientos y el estado anímico de los seres que habitan sus relatos.

Una prueba de la dificultad que encierra esta labor de «selección» es que muy pocos cineastas se atreven a llevarla a cabo (y muchos de quienes lo hacen no consiguen filtrar lo esencial), dando la posibilidad de recortar decenas de minutos que no aportan nada en sus películas, mientras que un solo recorte en «Chronic» nos impediría comprender totalmente a su protagonista. Cada minuto es imprescindible. Una joya y una nueva demostración del infinito talento de Michael Franco como escritor y como director.

 

El apóstata (Federico Veiroj)

El día termina con una de las tres mejores películas de la Sección Oficial y una de las sorpresas más grandes del festival. Se trata de una extraña comedia sobre un entrañable vago que no es capaz de terminar nada de lo que empieza en la vida pero que, con gran empeño, se propone apostatar, con la intención de que eliminen su presencia de cualquier registro de la Iglesia.

Con este delirante punto de partida –cuyo desarrollo guarda cierta relación con El proceso de Kafka, figura de referencia a la hora de hablar de los confusos problemas con la burocracia– y una serie de personajes que quedan para siempre en nuestro recuerdo, Veiroj construye una de las comedias más encantadoras y mágicas que he visto en mucho tiempo, una de esas cintas que uno disfruta revisando en los días tristes y en los días felices, con la gente de siempre y con diferente compañía.

Cargada de chispa, humanidad y vitalidad, «El apóstata» es una pequeña joya humilde y especialísima que más que hacerse querer se hace amar.

 

Crónica publicada originalmente en TViso. Para leerla en TViso pinche aquí.

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