Festival de San Sebastián 2015, Uncategorized

63 Festival de San Sebastián – Día 4

Amama (Asier Altuna)

La jornada se inicia con la proyección de una de mis películas favoritas del festival y, al mismo tiempo, probablemente una de las obras que habrán generado más polémica al final de esta edición. «Amama», a pesar de haber recibido la ovación más larga e intensa que he presenciado en estos días, es una cinta que parece dividir a los espectadores entre los que quedan maravillados por la bella propuesta de Altuna y a los que lo que cuenta –o más bien cómo cuenta lo que cuenta– les parece una tontería.

«Amama» relata un conflicto familiar de un modo lírico, retratando tanto las diferencias entre lo rural y lo urbano como las distintas formas de ver el mundo de cada una de las generaciones que integran la familia. Quien conecte con su estilo encontrará en ella una cinta emotiva y bellísima, con herencias del mejor cine español (Erice o Guerín) y narrada bajo una mirada sincera y cercana. Una gran sorpresa que es mi favorita de la Sección Oficial.

Eva no duerme (Pablo Agüero)

Si la cinta de Altuna ha generado polémica no se queda atrás el cuarto largometraje de Pablo Agüero, del que se han leído tanto opiniones entusiastas como críticas muy negativas. Estas últimas suelen acusarla de tratarse de un trabajo puramente formal que descuida el contenido y el ritmo, dando como resultado una película vacía y aburrida. Lo que parece innegable tanto para devotos como para detractores es que estamos ante un trabajo de inmensa calidad técnica, y uno de los ejercicios de estilo más vistosos de la Sección Oficial.

Pero además, contrario a los más críticos, considero que esta propuesta formal no descuida el fondo ni resulta cansina. La cinta, dividida principalmente en tres partes, pretende relatar la odisea del cadáver de Eva Perón en distintos momentos bajo diferentes puntos de vista en cada ocasión, de forma que el objetivo parece ser más el de lograr una película pequeña que ofrezca un enfoque particular (estéticamente perfecto) sobre el tema, antes que una gran obra que relate con detalle la historia real, y en esto cumple con creces. Y es que «Eva no duerme» es una cinta pequeña pero de gran fuerza, una joya potente y magnética que seduce tanto como interesa.

Desde allá (Lorenzo Vigas)

La proyección del León de Oro de este año no sólo no generó el entusiasmo esperado sino que la reacción fue más bien tibia, y más negativa aún es mi opinión al respecto de la que considero una de las películas más flojas de esta edición. Ocurre que, mientras que a duras penas consigo encontrar algo positivo que decir sobre ella –quizá su, a priori, interesante planteamiento–, encuentro que fracasa en todos los elementos que conforman la película.

Puedo tolerar las desastrosas interpretaciones de los actores protagonistas o los lamentables diálogos que mantienen entre ellos, pero me resulta imposible salvar unos personajes tan mal construidos y, en especial, mal desarrollados, que se transforman de la noche a la mañana y que actúan de manera contraria a lo que nos sugiere la descripción que progresivamente se ha realizado de sus caracteres.

Todo esto, unido a un montaje horrible y a una dirección torpe, caracterizada por un uso molesto y casi aleatorio del fuera de foco, hacen de «Desde allá» una película irritante, cuyo punto de partida ofrecía de primeras mucho más.

El Club (Pablo Larraín)

Tras la impresionante acogida que recibió en el pasado Festival de Berlín, «El Club» era una de las películas más esperadas en esta edición del Festival de San Sebastián. Y no es para menos, porque el nuevo trabajo de Pablo Larraín es una de las cintas más demoledoras de los últimos años, y lo es no sólo porque trate un tema tan incómodo como el de los abusos sexuales a niños por parte de miembros de la Iglesia, sino por el tono que el director imprime a la cinta y el perverso enfoque que escoge para narrarla.

Si el objetivo buscado era el de meter el dedo en la llaga, Larraín no se conforma únicamente con lo que pretende sino que una vez introducido lo retuerce durante hora y media. En un drama terrorífico como «El Club», sorprende que sea finalmente el humor –negro negrísimo, de ese con el que da apuro reírse– el que consigue perturbar con más fuerza al espectador, que asiste a una experiencia única en la que lo visual –inmejorable trabajo de fotografía, de tonos sombríos e imagen grumosa que da un toque de sordidez a la cinta–, lo sonoro –más que la fantástica composición que adorna las imágenes, los inolvidables trabajos vocales de algunos de sus protagonistas– y lo narrativo –un turbio relato magníficamente presentado y desarrollado– se funden en una película impactante y terrible, que cobra fuerza en la memoria con el paso del tiempo.

Ixcanul (Jayro Bustamante)

El cuarto día se cierra con la proyección de «Ixcanul», el debut de Jayro Bustamente en la dirección y la cuarta película latinoamericana consecutiva de la jornada. La cinta narra la historia de una joven maya cakchiquel y trata las diferencias entre dos mundos: el entorno en el que vive la protagonista y el mundo «civilizado», reflexionando sobre los problemas de cada uno sin emitir ninguna clase de juicio.

El buen hacer del cineasta guatemalteco la convierten en una cinta interesante de principio a fin, con suficiente fuerza emotiva para atrapar al espectador pero sin el talento necesario para deslumbrar. Se disfruta y admira mientras dura la proyección, pero al día siguiente, si bien no se ha olvidado ni se olvidará, tampoco ha dejado una profunda huella en nuestra memoria. Un gran trabajo artesanal.

Crónica publicada originalmente en TViso. Para leerla en TViso pinche aquí.

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