Festival de San Sebastián 2015

Son of Saul – Esperanza

En las antípodas de ser «otra película sobre el holocausto», el debut de László Nemes es, al mismo tiempo, una experiencia cinematográfica única y un desolador relato sobre la esperanza (y la ausencia de ella). El holocausto se utiliza únicamente como contexto, es la tragedia humana escogida para enmarcar temporal y geográficamente este doloroso drama sobre un ser –probablemente uno de tantos en su misma situación– que ha dejado de ver sentido a la vida, que está muerto desde hace tiempo.

El terrible relato es narrado mediante una dirección impecable a cargo del que durante años fuese asistente habitual de Béla Tarr –muy alejado de su estilo particular en esta cinta. La elección que realiza es siempre la opción perfecta entre todas las posibles formas de filmar secuencias, de capturar cada uno de los planos. Y, sin embargo, «Son of Saul» no es en absoluto un ejercicio de estilo, la forma jamás se impone al contenido, el «cómo» acompaña y sirve al «qué».

El fuera de foco se usa con criterio, la duración de cada secuencia está medida al detalle. Si hay un plano secuencia de 5 minutos en vez de 4 o 6 es porque pedía ser así, porque no podía durar menos ni más, porque necesitaba esa duración exacta, y ese movimiento de cámara en ese segundo determinado. Porque de haber sido hecho de otra forma la secuencia no diría lo mismo, no tendría la misma fuerza, no transmitiría lo que pretende.

Así, Nemes va levantando una obra directa, impactante y demoledora, un ejercicio cinematográfico fresco y dinámico, tan disfrutable como duro por la tristeza que impregna sus fotogramas y que se refleja en la expresión del protagonista. «Son of Saul» es una película especial, intensa y redonda.

SPOILER:

La película deja –en mi opinión– la puerta abierta a interpretaciones acerca de la existencia del hijo de Saul y de si se trata de alguno de los dos niños que aparecen a lo largo del metraje. De entre todas las posibles opciones –que Saul tuviese un hijo y fuese el hijo al que quiere enterrar, que Saul tuviese un hijo pero no fuese aquel al que pretende enterrar, que Saul no tenga un hijo y no piense que el niño al que quiere enterrar lo sea o que Saul no tenga un hijo pero piense que el niño que ha encontrado es su hijo, por decir algunas–, me convencen en especial las dos últimas, de forma muy distinta.

Según la primera de ellas, Saul, desesperanzado y sin encontrar sentido a su vida, descubre a un niño que ha sobrevivido en las «duchas» sólo para ver cómo instantes después muere. Entonces se le ocurre la idea de enterrarlo como merece, objetivo que da un fin a su vida y con ello le proporciona esperanza. Esta interpretación, de carácter más elevado (digamos más conceptual o abstracto) supone que Saul no tiene verdadero interés en enterrar al niño ni en el niño en sí, únicamente se obsesiona con la idea del objetivo, de darle un sentido a su existencia.

No obstante, mi favorita es la segunda –y la última del listado que sugiero–, según la cual Saul, tal como le dicen varias veces a lo largo de la cinta, no tiene hijos, pero es una persona trastornada, afectada por el campo de concentración y por las barbaridades que ha presenciado que, al igual que en la propuesta anterior, no encuentra razones por las que seguir viviendo más allá del instinto de supervivencia. Entonces, un día encuentra a un niño que ha sobrevivido y, enfermo y desconcertado, cree que ese es su hijo, cuyo entierro dará sentido a su existencia.

La diferencia con la primera interpretación radica en que aquí el fin es físico, se preocupa por el niño, su «futuro» y su entierro, encuentra la esperanza –su razón para vivir– en salvar su alma, no en tener un fin para su existencia. Esta interpretación me parece más interesante porque realza la parte final de la cinta, en la que asistimos a la expresión de horror de Saul cuando, tratando de sobrevivir en el agua, es consciente de que jamás podrá dar entierro a quien cree su hijo, y especialmente a esa escena final en la que Saul, afectado y trastornado por la tragedia, buscando algo de esperanza a la que agarrarse en su mundo gris, vuelve a ver en otro niño, uno cualquiera, al hijo perdido que nunca tuvo. Su mirada de felicidad es aterradora, porque significa esperanza, pero al mismo tiempo es el reflejo de la más terrorífica locura.

La sensación que se queda en el cuerpo es de absoluto desasosiego. Una obra que destroza.

SonofSaulCannes

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