Festival de San Sebastián 2015, Festivales

Festival San Sebastián 2015 – Crónica del día 3

Con Sparrows, Runar Rúnarsson retoma el que es su mejor cortometraje para la que escribe: Two birds. Personalmente, recomendaría ver la película en primer lugar ya que, en lugar de ser una versión extendida o detallada del trabajo base, el director decide recrear el corto original de forma prácticamente idéntica, y crear el largometraje mediante la contextualización de éste. Esto podría dar a entender que la conmutación del orden del visionado de las dos obras no alteraría sus sensaciones finales, pero no es así. La falta de definición de las circunstancias que rodean la acción más representativa del corto es uno de los factores que le otorgan su fuerza. Gracias a esto  Rúnarsson fue capaz de combinar la crueldad con la ternura, el dolor con el amor y la perversión con la inocencia. Pero al crear en el largo un bagaje vital para el niño protagonista basado en el trauma, los mismos sucesos se ven ahora viciados, excusados en vez de comprendidos, y la bondad se convierte en algo egoísta.

Por otro lado, toda esta nueva historia coming of age se ve forzada, aguada y limitada, siendo el punto cumbre la escena que no es propia de ella. La acumulación de sucesos excesivamente dramáticos en un ser pasivo para subrayar la losa emocional que este carga y romper con ella mediante la posición activa inesperada sólo sirve para forzar la historia y enfocarla más en justificar el destino que ya conocemos que en mostrar una evolución.

Sparrows3


Charlie Kaufman regresa a la dirección tras la increíble Synecdoche, New York; pero esta vez acompañado por Duke Johnson, conocido principalmente por su trabajo en series de stop-motion como Frankenhole o Moral Orel. La película presentada en la sección Perlas del festival, Anomalisa, pudo ver la luz gracias al crowdfunding, y consiguió alzarse con el Gran Premio del Jurado en la pasada edición del Festival de Venecia.

Kaufman y Dan Harmon (showrunner de Community) construyen un guión reflexivo ­–e incluso auto-reflexivo, como es habitual en las obras del guionista de Cómo ser John Malkovich– entorno a abstracciones tales como el concepto de identidad, dependencia, fama…

La cinta centra su estudio en las relaciones humanas, tocando desde la idealización del amor hasta el intento de cambio de la otra persona al acabarse este efecto, pasando por la repetición de patrones de conducta y la circularidad de la vida.

Kaufman no se sirve de la técnica del stop-motion como un mero instrumento estético, sino que la utiliza como un recurso narrativo que potencia el análisis de la identidad personal que realiza la película, y que posibilita crear situaciones necesarias para la narración que resultarían inverosímiles en un mundo de carne y hueso.

El estadounidense ha creado la que podría considerarse su película más pequeña en cuanto a su ostentación, pero esto le permite conformar un mundo más sencillo, personal y delicado, en el que el público pueda sentirse reflejado y plasmar en él sus propias sensaciones de vuelta. Una delicia, la mejor obra del festival hasta ahora.

Anomalisa


En 2008, Jack Black y Mos Def tuvieron que volver a grabar de forma casera cientos de películas icónicas que habían borrado de su videoclub debido a un error. Estas «suecadas» fueron la esencia de Rebobine, por favor (Michel Gondry, 2008), y ahora Me & Earl & the Dying Girl parece retomar el espíritu de esta cinta añadiéndole un contexto diferente.

El director de la ganadora de Sundance de este año, Alfonso Gomez-Rejon, tenía una trayectoria dentro del mundo de las series, acompañando a Ryan Murphy y Brad Falchuk en shows como Glee o American Horror Story, que tratan –ya sea de forma directa o indirecta– el mundo adolescente desde una perspectiva diferente a la acostumbrada, burlándose en ocasiones de los clichés habituales. En Me & Earl & the Dying Girl el estadounidense continúa compartiendo esa visión de la juventud, esta vez enfocándose especialmente en el tema de las enfermedades terminales.

La cinta trata asuntos tan vitales como la negación del destino, la conformación de la personalidad, el miedo al rechazo… con una estética naïf, que rebaja la oscuridad que se puede a entrever en la trama hasta lograr el tono agridulce de las comedias que suelen poblar el festival que tiene lugar en Park City. El principal problema del nuevo trabajo de Gomez-Rejon es que se apoya demasiado en la conexión con el espectador, por lo que si esta no se llega a establecer la obra puede resultar incluso fría. Esta implicación puede ser entorpecida por elementos pretendidamente extravagantes –como los personajes del padre de Greg o el profesor de Historia– y la sensación de déjà vu que podrían dejar en el público algunos pasajes de la cinta.

Pero la necesidad que sienten los protagonistas de hacer cine para canalizar sus sentimientos y experiencias, su evolución personal en el camino de creación de la obra y su maravillosa cinefilia confirman uno de los tres pilares de la cinta: su amor por la vida, por la verdad y por el séptimo arte.


Me and Earl0

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *