Festival de San Sebastián 2015

63 Festival de San Sebastián – Día 3

Sparrows (Rúnar Rúnarsson)

La tercera jornada comienza con la proyección de «Sparrows», segundo largometraje del islandés Rúnar Rúnarsson, autor que, a través de sus anteriores trabajos, ya había demostrado una sensibilidad única para contar historias sencillas y humanas, especialmente relatos relacionados con la adolescencia («Anna») o con la muerte («Volcán»).

En el caso que nos ocupa, Rúnarsson recupera su primer cortometraje, «Two Birds», con el objetivo de darle un contexto. Es decir, añadir un pasado y un futuro al delicado pequeño instante de la vida de dos jóvenes que representa ese trabajo inicial. Este intento de contextualizar la historia pasa por introducir una serie de situaciones en la vida del protagonista que justifiquen la forma de actuar que tiene su «yo» futuro (ambos actores son el mismo con 7 años de diferencia), y es en esto en lo que radica el mayor problema de la cinta, dado que Rúnarsson sacrifica su mayor virtud –la delicadeza, lo sutil, lo humano– para colocar a la fuerza una serie de momentos dramáticos «life-changing» que resultan tan artificiales como sólo puede serlo un intento de forzar un pasado para explicar un acto futuro.

La película se escribe con el final ya fijado, llevándome a sentir, conforme avanza el tiempo, la sensación de que algo falla, de que falta la naturalidad que otras obras de Rúnarsson desprende. Cuando termina y pienso en ella, descubro que el largometraje no aporta nada al corto, el cual tenía mil pasados y futuros, todos por inventar, y que de principio a fin respira inocencia, humanidad y vida.

Anomalisa (Charlie Kaufman y Duke Johnson)

La segunda proyección del día se trata de nuevo de un segundo largometraje, en este caso del brillante guionista Charlie Kaufman, que dio el paso a la dirección hace 7 años con la especialísima «Synecdoche, New York». Kaufman es conocido y valorado por sus originales guiones, sustentados en alocadas ideas que se utilizan como medio para explorar los problemas del hombre contemporáneo, algo que ya se puede observar en «Eternal Sunshine of the Spotless Mind» y su forma de profundizar en las relaciones: inicio, monotonía, deterioro, ruptura y recuerdo.

Kaufman, como ya demuestra en «Adaptation» –una película sobre un guionista en plena crisis creativa que está escribiendo un guión sobre algo llamado «Adaptation» que va sobre un guionista en plena crisis creativa que…–, tiene tendencia a hablar de sí mismo, pero su ingenio a la hora de hacerlo consiguen que las películas de Charlie Kaufman sobre Charlie Kaufman sean películas hechas por y para el mundo entero. «Anomalisa» no es una excepción, pues no tengo duda de que todos los temas acerca de los que reflexiona son asuntos que preocupan diariamente a Kaufman, pero que de alguna manera están también relacionados con nosotros.

Es increíblemente difícil escribir sobre «Anomalisa», porque en sus escasos 90 minutos profundiza de tal forma en problemas tales como el de la monotonía y la rutina o el de la identidad, que –al igual que ocurre con «Synecdoche, New York»– da la sensación de que nunca vas a tener una visión total de la obra, y que en cada visionado no solo nuevos detalles aparecerán sino que lo que veremos en ella será totalmente distinto de una vez a otra, porque nosotros, a fin de cuentas, hemos cambiado.

La animación, espléndida de principio a fin, y el relato, tierno, dulce, divertido y lleno de vida, que encierra muchísimo más de lo que aparenta, la convierten en una cinta maravillosa, que no solo da gusto ver sino que pide a gritos ser revisionada. Yo ya me muero por hacerlo. Mi favorita del día y una de mis favoritas del festival.

Me & Earl & the Dying Girl (Alfonso Gomez-Rejon)

No es extraño que el segundo largometraje de Gomez-Rejon ganase en Sundance tanto el premio a Mejor película como el Premio del público, y es que tiene capacidad para convencer en general tanto al espectador medio como al apasionado del cine, que encontrarán en ella una cinta encantadora, ingeniosa, divertida y emotiva. «Me & Earl & the Dying Girl» parte de una idea explotada hasta el extremo –una historia de amor de instituto con enfermedad de por medio– pero con un enfoque completamente distinto del habitual: La historia de amor es realmente una historia de «amistad condenada», y el tono, en lugar de ser dramático, es en principio liviano y cómico, con toques de humor muy negro.

No fracasa en su intento de desmarcarse del clásico drama y, aunque en esencia –por mucho que intente camuflarse de comedia– es un drama –algo cuya última parte atestigua–, siempre resulta fresco y novedoso, con capacidad para sorprender en todo momento, con ternura y encanto para conquistar y con un tramo final que es de lo mejor que se ha hecho en su subgénero en mucho tiempo.

La tierra y la sombra (César Augusto Acevedo)

El tercer día finaliza con la proyección de «La tierra y la sombra», ganadora de la Cámara de Oro en Cannes, que premia a la mejor ópera del Festival. La mayor virtud de la cinta radica en su apartado visual, de gran belleza e impacto, con algunas escenas impresionantes por la fuerza de sus imágenes. No obstante, pese a lo interesante –a priori– de su argumento y a su cuidada estética, la película termina cansando hacia la mitad, culpa de un ritmo con el que no termino de conectar y una historia que termina por volverse de alguna forma repetitiva, forzándome a aislarme, desconectar y, por último, a desinteresarme hasta su final.

Crónica escrita originalmente para TViso, vela en TViso pinchando aquí.

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