Críticas, Estrenos

Mientras seamos jóvenes – Perdida por la ambición

Josh (Ben Stiller) Y Cornelia (Naomi Watts) son una pareja de cuarentones sin hijos, un tanto perdidos entre la gente de su generación por ese mismo hecho. Sus mejores amigos acaban de tener un hijo y su relación con ellos no es lo misma, pues dejan de interesarles las mismas cosas, por lo que se sienten un poco incómodos. Incapaces de conectar con la generación a la que pertenecen, acaban haciendo amistad con Jamie (Adam Driver) y Darby (Amanda Seyfried), una pareja de veinteañeros llenos de vida a los que Josh conoce mientras imparte una de sus clases. Así, nuestra pareja protagonista empezará a hacer otro tipo de cosas, quizá aquellas que acostumbraba a hacer cuando rondaban la veintena; pero también se acordarán irremediablemente de que ya no son jóvenes, y asumirán la barrera intergeneracional que existe, por mucho que en ocasiones parezca invisible.

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Noah Baumbach escribe y dirige esta película, cuya primera media hora es excepcional en todos los aspectos. Mientras seamos jóvenes se siente fresca, divertida, entretenida, e incluso se permite guardar bajo su superficie cuestiones acerca de la moralidad: apariencias, engaño, conveniencia… Baumbach construye cuatro personajes espléndidos, cuyas interpretaciones elevan aún más su riqueza. Sin embargo, según el transcurso de la historia avanza todo comienza a volverse en su contra.

El director neoyorquino parece no conformarse con realizar una comedia ligera con trasfondo, como tantas veces ha hecho con tan buenos resultados Woody Allen. No, en Mientras seamos jóvenes parece obligado que haya puntos de giro y una historia compleja detrás de todo. Noah Baumbach quería comerse el mundo con esta película, pero éste es demasiado grande y su película ha terminado por perderse en su interior. A pesar de sus diálogos siempre originales e ingeniosos, Mientras seamos jóvenes achaca el hacer uso de los recursos narrativos más primitivos.

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Durante el tramo central de la narración, Ben Stiller acapara todo el protagonismo de la cinta: se siente cómodo en el papel de fracasado que, como dice él mismo, “tiene 44 años y hay cosas que ya nunca hará”; sin embargo, sus correrías se siguen con menor atención de la debida. Nadie sabe hacia dónde quiere ir el director y guionista, que transmite un problema de indecisión originado por sus pretensiones de enriquecer una historia que no lo necesitaba. Explorar todas las aristas de sus personajes, al menos en el ámbito de la relación surgida, no lleva consigo el enredar una historia que merecía un desarrollo más brillante.

A pesar de perderse en un mar de dudas, Mientras seamos jóvenes nunca pierde por completo su descaro, como tampoco desaparecen las siempre efectivas situaciones cómicas. Así que aun sumida en un altibajo continúo desde poco más de la primera media hora, la nueva cinta de Noah Baumbach no queda nunca exenta de interés. Es una entretenida comedia llena de apuntes interesantes, aunque éstos se muestren un tanto dispersos.

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Al final, es inevitable situar a Baumbach con un autor que, en cierto modo, reniega de los tiempos que vivimos. De ahí surge esa pareja de veinteañeros que utiliza máquinas de escribir, escucha la música en vinilos, lee libros y socializa sin depender de las nuevas redes sociales. Y es que en Mientras seamos jóvenes siempre se respira talento y ambición, quedando demostrado que esto último no es necesariamente positivo. Desde luego, yo valoro más un trabajo ambicioso en exceso que uno conservador en su forma y su fondo.

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