Críticas, Estrenos

Las sillas musicales – La anodina vida de Perrine

Es cada vez más habitual ver a directores aprovechar sucesos traumáticos para, tomando ese punto de partida, construir comedias dramáticas, un subgénero que cada vez aporta más películas. El fenómeno Intocable ha dinamitado la creación de este tipo de producciones, a pesar de que el trabajo que nos ocupa se asemeje más a otros como Mientras dormías. El verano es el escenario ideal para estrenar este tipo de películas exentas de cualquier tipo de pretensión, pero lo de este año está siendo demasiado: algunas semanas parece que nuestra cartelera es la francesa y no la española. Es también alarmante el hecho de que la mayoría de cintas de las que hablo estén dirigidas a un público de avanzada edad, quedando así el espectador más joven limitado a disfrutar con algunas de las películas que llegan con un gran retraso respecto del estreno en su país de origen y los blockbusters.

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La ópera prima de Marie Belhomme cuenta la historia de Perrine, una mujer de treinta y nueve años cuya monótona vida sólo se ve alterada por una rata que hay en su piso y a la que trata de dar caza. Ella misma se considera una músico “casi” profesional en los anuncios que pega por la ciudad, por lo que la mayor parte de su trabajo consiste en animar fiestas infantiles. Un día, mientras busca la Asociación “Porca Miseria”, para a preguntarle a un hombre dónde se encuentra, pero éste cae accidentalmente en un vertedero. Perrine abandona la escena del crimen, y al día siguiente se entera de que el hombre ha quedado en coma. A partir de ahí se interesará por él sobremanera, haciéndose pasar por una prima lejana para visitarle a diario. Y no sólo eso, pues también se adueñará de su trabajo, su casa y su perro.

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Las sillas musicales es una película fallida en todos los aspectos. Podría haber sido enfocada como un drama con toques cómicos acerca de esas personas que sobrepasan la treintena y cuyas vidas no aparentan tener ningún tipo de estabilidad. Entre los pocos aciertos de Belhomme se encuentra la elección de Isabelle Carré para interpretar a esa mujer inocente, tímida e introvertida. Pero a pesar de los esfuerzos de la actriz francesa, todo lo que le rodea acaba cayendo por su propio peso.

Esta ópera prima no encuentra nunca el tono adecuado, oscilando siempre entre el dramatismo suave y un humor desfasado que rara vez despierta en mí una mínima sonrisa. Además, la historia se antoja siempre tópica y previsible, con una galería de secundarios que tiene poco o nada que ofrecer. Se podría haber explotado el contrapunto entre los personajes de Isabelle Carré y Carmen Maura, pero la segunda hace poco más que obligar a nuestra protagonista a decir la verdad y decir tacos en castellano cuando se encuentra sola en escena. Claro está que esos momentos no tienen ninguna gracia.

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Aunque siempre bienintencionada, Las sillas musicales es una película sosa, anodina e intrascendente. No es divertida y su historia y desarrollo nunca se aproxima a conmover. Al menos la directora no se va por las ramas y evita alargar el metraje añadiendo subtramas innecesarias, lo cual es de agradecer. Sin ser dañina, no tengo ningún argumento positivo para animaros a que vayáis a ver esta película.

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