Críticas, Estrenos

Lilting – Don´t say that

Junn, una mujer china, vive en un geriátrico en Londres y acaba de perder a su único hijo, Kai. Por otra parte está Richard, que se ve igualmente afectado por su pérdida al ser su pareja. Dos personas unidas por un mismo sentimiento, que no se conocen y que ni siquiera hablan el mismo idioma. Junn vive encerrada en su cultura y en las cuatro paredes de su habitación, siendo el atrezzo de ésta lo único que le une con su cultura y pasado. Kai no llegó a contarle a su madre que era homosexual, por lo que para ella Richard era sólo un compañero de piso; sin embargo, siente celos porque la única persona a la que tiene en ese país que le es ajeno prefiere pasar el tiempo con un “amigo”.

Para paliar ese sufrimiento se necesitan el uno al otro, y para hacer efectiva esa ayuda deberán dejar atrás barreras culturales y prejuicios, sobre todo por parte de Junn. Por otro lado, el amor hace que ésta se salte todas las barreras -comunicación verbal incluida- para mantener una relación con Alan, un interno del geriátrico.

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Lilting resulta mucho más interesante en un principio que tras su visionado. Temas como la pérdida, el olvido, el amor, la vejez y las relaciones paternofiliales en esa etapa… son propicios para sacar de ellos buenas ideas y reflexiones. Pero hay algo en Lilting que me molesta desde el primer plano: un sentimentalismo barato que me saca por completo de la narración. Ese sentimentalismo, reforzado en cada plano de transición -todos de los alrededores de la casa de la pareja; siempre acompañados por la neblina londinense- por temas musicales que no hacen sino potenciar una molesta sensación de artificiosidad. Esa dosis de dramatismo repartida sin mucho éxito a lo largo del metraje -culpa de un guión más que endeble-, nos reporta un buen número de situaciones ridículas, entre ellas el bochornoso clímax final.

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El trabajo de dirección del debutante Hong Khaou, mucho más asiático que británico (destaco esto pues la mayor parte de la producción es británica), es lo más destacable de la cinta. El montaje es estupendo y aporta dinamismo a una película repleta de silencios y tiempos muertos, combinando la línea narrativa actual con flashbacks a modo de recuerdos en los que Richard y Junn compartían con Kai sus últimos días. Es sensacional cómo el director de origen camboyano aúna tres líneas narrativas en un mismo escenario, a través de un baile circular en el que participan tres parejas de personajes distintas. También el trabajo fotográfico resulta convincente, sobre todo gracias a la iluminación conseguida en los interiores, donde se desarrolla la mayor parte de la historia.

Lilting es un trabajo siempre bienintencionado, con una dirección muy cercana y un sello autoral interesante, pero que termina siendo reiterativo por no enfocar de manera correcta los temas a desarrollar. Un drama de personajes cuyo desarrollo deja mucho que desear, pues en más de una ocasión su forma de actuar provocará el desconcierto e incredulidad del espectador. Como declaración de intenciones de Khaou es remarcable, pero como trabajo cinematográfico se pierde entre la mediocridad.

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