Críticas, Estrenos

Ricki – La rockera que tuvo que hacer de madre

Meryl Streep encarna en Ricki and the Flash a una guitarrista que lo abandonó todo, incluido su marido y sus tres hijos, para alcanzar su sueño de convertirse en una estrella de rock. En realidad el convertirse en una estrella era algo improbable, siendo uno de esos sueños imposibles que jamás se dejan de perseguir por pura pasión. Su vida se reduce a tocar por las noches en un bar de mala muerte junto a su grupo -como bien vemos en la escena que abre la película- y trabajar por el día como cajera de un supermercado. Un día Ricki recibe la llamada de su ex marido Pete (Kevin Kline), que le pide que vaya hasta Chicago a visitar a Julie (Mamie Gummer), la hija de ambos, que acaba de divorciarse y está pasando por un mal momento.

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A pesar de llevar muchos años sin verse, la aparición de Ricki supone un apoyo moral incuestionable para Julie, la cual no sólo estaba pasando una gran crisis, sino que había tratado de suicidarse sin éxito. Casi dos décadas después, Ricki debe dejar de lado su pasión para hacer de madre, permitiendo así que Meryl Streep se luzca tanto en el papel de rockera como en el de esa madre tan necesaria que otro día no pudo ser.

Jonathan Demme alterna constantemente y de forma siempre correcta la comedia y el drama en Ricki, dejando toda la responsabilidad de la historia en manos de Meryl Streep. Sin embargo, la personalidad del director de El silencio de los corderos no aparece en ningún momento, quedando reducida su labor a acercar la cámara al rostro de la estrella de la película cuando ésta requiere su lucimiento personal. Por lo demás, Ricki es una drama familiar muy ligero, sustentado siempre por la encomiable labor que realizan sus intérpretes -sí, es obvio que Streep brilla por encima del resto-.

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Con algunos momentos musicales fantásticos, en los cuales la actriz estadounidense vuelve a demostrar que además de ser una brillante actriz no canta nada mal, el visionado de la nueva película de Demme se hace llevadero e incluso divertido cuando el componente cómico tiene mayor peso. No obstante, el guión de Diablo Cody deja un par de escenas que desprenden una moralina insufrible, rompiendo bastante con las intenciones de la cinta. Por suerte, ese peligro que se vislumbra no va más allá y queda como algo puramente anecdótico.

Como ya he mencionado con anterioridad, la cara de la película que mejor funciona es la cómica, aquejando la dramática algunos problemas de base y la constante sensación de que esa historia familiar ya la hemos visto miles de veces. Tampoco el final es de lo más acertado, pues rezuma una inesperada cursilería poco coherente con el verdadero mensaje de la cinta. Pero, por encima de todo, Ricki es una película hecha por y para Meryl Streep. Esto no justifica la falta de ambición del director neoyorquino en este proyecto, pero con seguridad es suficiente para que merezca la pena perder 100 minutos de vuestras vidas.

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