Críticas, Estrenos

Blind – Lo que hay después

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Si nacer ciego es, con total seguridad, una verdadera putada, no quiero imaginarme lo que debe ser quedarse ciego a una edad adulta, cuando ya estás totalmente acostumbrado a disfrutar de un sentido tan importante -como todos, vaya-. ¿Cómo afronta una persona un giro tan brutal en su vida? Quizás ese sea el tema principal a tratar en la película que nos ocupa, entre otro muchos otros. Ingrid es una escritora felizmente casada con Morten, un arquitecto. Un día, ésta pierde la visión por culpa de una enfermedad. A partir de ahí, entra en una completa crisis, en la que peligra su matrimonio e incluso su salud mental. Para enfrentar ese proceso de adaptación, en el que para poder ver algo tiene que valerse de los recuerdos y de la imaginación, se recluye en un pequeño cuadrado de su habitación, junto a la ventana y a su ordenador, en el que parece estar escribiendo una historia.

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Blind es una película sobre la que no es conveniente leer mucho antes del visionado. Por lo tanto, procuraré no desvelar demasiados detalles que puedan condicionar vuestra experiencia cuando os enfrentéis a ella. Si bien son fácilmente identificables las líneas narrativas que sigue la película, es prácticamente imposible situar cada suceso o escena en el marco que realmente le corresponda. Y es que, ante todo, la ópera prima del noruego Eskil Vogt es, paradójicamente, una experiencia sensorial. Lo es para nosotros como espectadores, primando el aspecto visual, pero también para nuestra protagonista, dejando entrever la importancia que adquieren los sonidos una vez se ha perdido la vista.

La ópera prima de Vogt ha sido premiada en diversos festivales, destacando el Premio al Mejor Guion conseguido en el Festival de Sundance. Por otra parte, era de esperar que el libreto fuera notable, dada la experiencia como guionista del noruego. Sin embargo, y para nuestra sorpresa, el noruego demuestra ser igual de competente detrás de las cámaras. El trabajo visual llevado a cabo es espléndido, a lo que sin duda ayuda la fotografía de Thimios Bakatakis, conocido especialmente por su notable trabajo en Canino. Por poner un pero al trabajo de dirección, aunque sólo sea en un aspecto relacionado indirectamente con la labor del realizador, no termina de convencerme esa composición a piano que predomina en la banda sonora, tan frenética y trepidante como la segunda mitad del film, pero inadecuada para la primera.

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Entre los múltiples aciertos del film, destacaría ese voyeurismo tan Ozoniano presente en todo momento. Las similitudes de Blind con En la casa y, especialmente, Swimming Pool, son innumerables. No por casualidad, nuestra curiosidad acaba por hacer que empaticemos con un personaje tan solitario y siniestro como Einar. Un acierto esencial fue la elección de un casting idóneo, entre el que destaca por encima de todos esa narradora omnisciente que es Ellen Dorrit Petersen. Sin duda nos encontramos ante una de las mejores interpretaciones femeninas en lo que llevamos de década, y probablemente también de siglo.

Numerosos detalles sutiles nos dan pistas acerca de lo que podríamos llamar el desarrollo real de la trama. A veces separar realidad y ficción es complicado, y consciente de ello, Vogt nos facilita la comprensión de los sucesos desarrollados en un guion tan inmaculado. Blind no decae en ningún momento, y permite hacernos soñar con lo que pueda depararnos la carrera de este director en el futuro. Una película extrañamente bella, hipnótica e incluso incómoda de ver en ocasiones. Una indudable muestra de creatividad, tanto escribiendo como detrás de las cámaras. No dejéis de verla; no dejará a nadie indiferente.

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