Críticas, Estrenos

Retratos de familia – Oh, cruel capitalismo

Pasados dos años desde que ganase la Cámara de oro en Cannes, llega a nuestras salas Retratos de familia, la ópera prima del singapurense Anthony Chen. La película aborda la crisis económica de finales de los 90 que afectó considerablemente a algunos países del continente asiático: Indonesia, Malasia, Singapur… Para llevarla a cabo, y motivado por experiencias de su propia infancia, Chen se acerca a una familia acomodada, de clase social media-alta. Los Lim son una familia de tres miembros -padre, madre e hijo-. Ante la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar, los padres deciden contratar a Teresa, una mujer filipina que ha dejado en su país a un hijo bajo el cuidado de su hermana, buscando una forma de prosperar económicamente. En un panorama familiar ya de por sí tenso, en el que el padre es incapaz de confesar que ha perdido su empleo y ahora trabaja de vez en cuando como guardia de seguridad de una fábrica, se añade una variante más: una mujer inmigrante que, inintencionadamente, acaba tensando aún más la cuerda de esa familia aparentemente perfecta.

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Antes de nada, me gustaría destacar que, para mi sorpresa, esta producción de nacionalidad singapurense es tremendamente universal tanto en su fondo como en su forma. A la hora de acercarse a la filmografía de países tan lejanos y de los que hemos podido ver tan poco, uno espera encontrarse con algo exótico, al menos formalmente. No obstante, el retrato de esta familia es extrapolable a cualquier lugar de occidente y a cualquier momento. De hecho, Anthony Chen da prioridad en todo momento a la historia, aunque sin descuidar el terreno formal. Cuando veamos más películas del director, podremos saber si es que su forma de hacer cine es tremendamente cercana a occidente, o si por el contrario este trabajo es así porque ha querido mostrar a todo el mundo lo vivido en 1997 por esta (su) familia.

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El eje vertebrador de la cinta es la relación entre la sirvienta y el pequeño y problemático Jiale. En un principio Jiale parece incapaz de aceptarla, haciéndole la vida imposible; pero con el paso del tiempo, acaba encontrando en Teresa esa figura paterna que no tiene en su hogar. La crisis socioeconómica acaba derivando en crisis familiar. Esta crisis de identidad de una nación se nos presenta en una de las escenas más relevadoras de la cinta: inmediatamente después de que la directora de la escuela realice un discurso sobre una nación unida y el establecimiento de la democracia, un alumno recibe un tremendo castigo público. Vemos un país sumido en una crisis que traspasa lo puramente económico.

Echo en falta en todo momento un mayor atrevimiento formal. La normalidad se rompe únicamente en la escena de un suicidio esporádico, a mi parecer desprovista de toda sutileza. Retratos de familia cumple con creces en todos y cada uno de sus aspectos, pero siempre alejada de la excelencia. Quizá sea en el apartado interpretativo donde más se acerca, pues tanto el desarrollo de los propios caracteres como sus interpretaciones permiten empatizar hasta con esa madre por momentos odiosa.

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Alejado de las formas de hacer cine en su continente, Anthony Chen deja una carta de presentación, cuanto menos, esperanzadora. Una buena oportunidad para acercarnos a un cine que sentimos excesivamente lejano. Una especie de cine oriental occidentalizado, capaz de concienciar al mundo entero, dada la universalidad de su relato.

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