Festival de Cine Alemán 2015, Festivales

Festival de Cine Alemán 2015 – Día 4

Una jornada más de festival, un día más que salí del Palafox con buen sabor de boca. En la cuarta jornada del festival vimos Entre mundos, el segundo largometraje de la directora Feo Adalag; Tour de force, del experimentado director y guionista Christian Zübert; y la sorprendente Somos jóvenes. Somos fuertes. dirigida por Burhan Qurbani. Un día irregular, pero en el que me fue inevitable salir con una sonrisa tras la última de las proyecciones.

ENTRE MUNDOS

entre mundos

La película se acerca al conflicto en Afganistán y el papel de las tropas de la OTAN estacionadas allí a través de la perspectiva de un soldado alemán que intenta proteger la vida de su traductor local y de la hermana de éste. El soldado, un más que decente, una vez más en este festival, Ronald Zerhfeld, tiene aún presente la pérdida de su hermano en esa misma guerra, por lo que se supone que irá modificando sus comportamientos y punto de visto sobre la guerra.

Si hay algo que aboca a Entre mundos a no pasar de la más rutinaria mediocridad, es no mostrar sus verdaderas cartas hasta llegada la hora de metraje. La relación de sus protagonistas y el cambio personal del soldado no se desarrolla, simplemente aparece. Y cuando éste llega, sólo queda asistir a unos minutos estupendamente filmados pero que no lograrán hacer de ésta una película aceptable. El buen hacer de los actores, el estupendo uso del sonido, la genial fotografía… muchos aspectos aislados aprueban, mientras el conjunto supone el total desaprovechamiento de una historia más que interesante.

Mientras la primera hora consigue a regañadientes mantener atento al espectador, en el resto de metraje ocurre lo contrario. No obstante, el final me deja un sabor totalmente agridulce; cuando la película parece ir a acabar de manera bastante aceptable, la directora opta por mostrar una sucesión de escenas inacabadas que dan una sensación de torpeza que lastra por completo un plano final brillante. Las buenas -aunque difusas- intenciones de Feo Adalag, no sirven para rescatar el resultado de Entre mundos. Sin embargo, y como viene siendo habitual en los dramas del festival, la conclusión no deja una sola gota de optimismo en el aire.

TOUR DE FORCE

tour de force

Bélgica de entre todos los destinos. Este año ha sido el turno de Hannes y Kiki para escoger destino de su viaje anual en bicicleta junto con sus amigos más cercanos. Todos están deseando salir a la aventura sabiendo que lo más importante es pasar tiempo juntos. Pero poco tiempo después de comenzar, Hannes les comunica que sufre una enfermedad incurable y que este viaje será el último. A pesar del impacto, deben seguir su camino y, sabiendo que nada será igual después de estas vacaciones, celebrarán la vida como nunca antes lo habían hecho. Un tour de force como vehículo para tocar la fibra sensible del espectador. Pero hay formas más y menos lícitas, más y menos efectivas de hacerlo. ¿Qué camino tomará Christian Zübert para noquear al espectador más sensible?

Sí, es evidente que el único objetivo que tiene Zübert es buscar de forma indiscriminada las lágrimas de los espectadores. Pero ya que decide dejar la intensidad para algunas escenas determinadas, es un error prescindir de la música (elemento manipulador por antonomasia junto al primer plano), ya que las escenas dramáticas no pueden estar filmadas con una frialdad que no despierte en mí más que indiferencia. Así, de manera poco lícita para mi gusto, puedes intentar, como tantos directores hacen hoy en día, despertar los sentimientos del espectador. Y para conseguir una intensidad emocional importante a través de escenas aisladas, hay que tener un talento que el señor Zübert parece no tener.

Tour de force se salva del completo desastre gracias a sus intérpretes, entre los que encontramos varias caras conocidas. Pese a ser supuestamente un drama, éste no se va desarrollando, sino que aparece en ocasiones determinadas y me incomoda totalmente. La comedia, presente durante todo el metraje -excepto en el final-, funciona y dota a la cinta de un tono desenfadado, que será el encargado de desbaratar las intenciones del director por noquear al espectador. Lo que sí conseguirá, es noquear las inquietudes cinematográficas de quien busque algo más que llorar en una sala de cine.

SOMOS JÓVENES. SOMOS FUERTES

© Zorro

Agosto de 1992. En el distrito Lichtenhagen de Rostock, en una urbanización de edificios de placas de cemento, algunos jóvenes desempleados luchan contra el aburrimiento y las frustraciones. Cuando llega la noche atacan a la policía y a los inmigrantes. La dimensión de los conflictos se torna tan amenazadora que las autoridades deciden evacuar a los romaníes que esperan asilo. Los vietnamitas, sin embargo, permanecen en la así llamada “Casa de los girasoles“. Los disturbios se agravan, pero la policía se retira. Se desata una noche de violencia frente a una multitud que observa y aplaude.

Burhan Qurbani nos muestra los hechos ocurridos durante aquel 24 de agosto. Para ello acompaña con su cámara a tres puntos de vista muy diferentes: un grupo de jóvenes nazis, que igual gritan “Sieg heil” que cantan la Internacional; a un político del partido demócrata, padre de unos de los jóvenes; y a una joven vietnamita y su familia, que no quieren abandonar su hogar. Gran parte de la película se desarrolla en un marco de continua irrealidad, donde es difícil creernos las acciones y cambios de comportamiento de algunos de los personajes. El blanco y negro está utilizado de manera muy inteligente, máxime cuando veamos una decisión formal que da sentido a muchas cosas. Y no sólo es esa decisión formal brillante. Todos los recursos estilísticos que utiliza Qurbani están ejecutados con sentido y muy buen hacer, así como el uso de la música es brillante y dota a la historia de un dinamismo que hará que se nos pase en un suspiro.

Somos jóvenes. Somos fuertes. es el reflejo de una serie de personas alimentadas por un odio ciego, incapaces de saber qué motiva sus actos, más allá de querer acabar con todos los extranjeros. Algunos serán nazis, probablemente, pero muchos otros simplemente aprovechan una crisis económico-social para desarrollar sus impulsos más violentos. Es muy importante para conocer las intenciones que motivan una decisión del director, una conversación que mantienen dos de los jóvenes en el momento que empiezan los disturbios, en la que uno le pregunta a otro: “¿Esto es de verdad?” Por ahora, la mejor película que he visto en el festival, y muy difícilmente superable. Un verdadero ejercicio de estilo cinematográfico para mostrar un importante acontecimiento ocurrido en nombre del patriotismo. La técnica siempre al servicio de la historia.

One Comment

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *