Festival de Cine Alemán 2015, Festivales

Festival de Cine Alemán 2015 – Día 3

En la tercera jornada del festival, pudimos ver Un apartamento en Berlín, la primera película (documental) del Ciclo RückBlick; Un regalo de los dioses, una comedia sobre algunos de los “perdedores” que se encuentran apartados del sistema; y El fin de la paciencia, el potente telefilme dirigido por Christian Wagner. Una jornada de nivel bastante inferior a la anterior, pero ni mucho menos floja. Y, una vez más, un día con tres trabajos totalmente diferentes entre sí.

UN APARTAMENTO EN BERLÍN

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Alice Agneskirchner ha sido la encargada de, por así decirlo, inaugurar la sección RückBlick: Reflejos del pasado en el cine alemán contemporáneo. En Un apartamento en Berlín, Alice seguirá con su cámara a tres jóvenes israelíes que alquilan durante 8 semanas un apartamento en la capital alemana: Eyal, Yael y Yoav. En el documental se ofrecerá una mirada al pasado, y veremos la forma que tienen diferentes personas de afrontar el holocausto. Los jóvenes, pese a ser todos judíos, tienen opiniones muy diferentes al respecto. Así que a través de este estudio podremos presenciar conversaciones y debates realmente interesantes, entre ellos mismo y entre éstos y la directora, que siente el holocausto de manera totalmente distinta (se responsabiliza pero no es parte de ella), pues es alemana.

Como elemento motivador de todas las conversaciones y experimentos que llevan a cabo los protagonistas, estará la búsqueda de información sobre la familia que vivió en el apartamento que han alquilado, los Adler, una familia de judíos que vivió durante el holocausto en esa misma casa. La primera parte del documental parece ir enfocada una vez más en la denuncia del nazismo y de los actos cometidos durante el holocausto, pero nada más lejos de la realidad, pues en la segunda mitad se cuestionan incluso los actos realizados hoy día por Israel (por los propios israelíes). Unos personajes que no encuentran su identidad ni en su país ni fuera de él, pero que deciden residir en Berlín porque es un lugar que, de una manera u otra, les inspira confianza y les permite soñar con un futuro digno. El pasado es parte de ellos, a pesar de su distinto pensamiento acerca de su pertenencia a su país de origen. Por otra parte, los alemanes parece que se responsabilizan totalmente de ello y sienten pena por los judíos. En mi propia reflexión saco, como bien dice uno de los protagonistas: “Si a los judíos les preguntas que si preferirían ser asesinos o víctimas, la mayoría responde que asesinos”. Igual en otras circunstancias, el holocausto podrían haberlo llevado a cabo personas de otra raza y nacionalidad. Un documental bastante interesante, sobre todo en sus últimos 45 minutos.

UN REGALO DE LOS DIOSES

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Anna ha perdido su trabajo como actriz en el teatro municipal de la pequeña ciudad de Ulm. Desmoralizada, acude a la oficina de empleo y una entusiasta burócrata le ofrece la posibilidad de dar clases de artes escénicas a un grupo de parados de larga duración. Anna les propondrá representar una innovadora producción de Antígona, lo que en un principio no les hará mucha gracia, pues esperaban realizar un curso de informática. Así, en contra de su voluntad, los parados llevarán a cabo un proceso de integración y de creación de un grupo, que les servirá para aprender una lección sobre valores y compañerismo.

Oliver Haffner aprovecha la situación económico-social de su país (más bien de Europa), para ofrecer una mirada sobre aquéllos que se encuentran en una situación prolongada de desempleo. No creo que, como he leído en algún sitio, la película tenga intenciones de ser una crítica o sátira social, simplemente el director desarrolla una historia optimista de superación en el marco de un grupo de personas “abandonadas por el sistema”. Eso no quita que en momentos determinados pueda aprovecharse la situación para ofrecer algún gag que otro.

Pasando ya a lo puramente personal, debo decir que Un regalo de los dioses, película multipremiada en su país de origen, no me ha convencido en absoluto. El principal problema, es que su humor me ha hecho reír en contadas ocasiones. De su amplia gama de personajes solamente hay uno que me haya parecido gracioso e interesante; el resto, parece no poder salir de la mera etiqueta de personaje estereotipado. Y, aunque casi en su totalidad consigue hacerse llevadera, sus escenas dramáticas completamente anticlimáticas terminan por mermar sus posibilidades como comedia. Un dramatismo tontorrón y manipulador, tratado con excesiva grandilocuencia y, sobre todo, prescindible. No obstante, el reparto está totalmente entregado y todos realizan unas notables interpretaciones.

EL FIN DE LA PACIENCIA

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La juez de menores Corinna Kleist se reincorpora a la jurisprudencia tras haberse tomado medio año sabático, motivado por el terrible desenlace de una joven condenada en un caso llevado por ella. Cuando vuelve, es relegada a un distrito especialmente conflictivo de Berlín, en el que ejercerá también como juez de menores. La película se centra en una historia real, sacada del libro El fin de la paciencia, escrito por la misma Corinna. La juez aplicará una nueva política de prevención en el distrito, para que los jóvenes conflictivos escapen a su destino como criminales.

Concebida como producto de emisión para la televisión pública alemana, El fin de la paciencia, pese a la verosimilitud y potencia del relato, contiene algunos tics telefilmescos que en un principio podrían echar para atrás. Por suerte, sus escenas de transición y su música engorrosa empezarán a pasar desapercibidas conforme la historia avance. Un crudo drama que carga contra las autoridades, la política y, sobre todo, contra el propio sistema judicial. También sobre aquellas familias de inmigrantes que descuidan el cuidado de sus hijos y éstos se apoderan del hogar familiar, inmiscuyéndose en la más peligrosa criminalidad.

Si hablásemos puramente de la calidad, probablemente El fin de la paciencia no destacaría en absoluto; pero Christian Wagner actúa con la suficiente inteligencia para darle toda la importancia a la historia en que se basa, llevando a cabo un relato breve y conciso, consciente en todo momento de su finalidad. La fuerza de la trama y la intensa y veraz interpretación de Martina Gedeck, sustentan esta dura historia y buen drama judicial. También veo positivo el hecho de que el director tenga personalidad y se atreva a mostrar algunas escenas violentas sin ningún reparo. Al igual que hemos tenido la oportunidad de verla en España, esperemos que también la tengan otros países y que así sirva para concienciar a la sociedad de que para conseguir algo todos tenemos que poner de nuestra parte.

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