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Nocturna 2015 – Día 4

Era de esperar que, tras la jornada en la que pudimos ver It Follows, el nivel volviese a bajar y a perderse entre la más que evidente mediocridad. Sin embargo, tras ver la primera película de la tarde, salí con la verdadera esperanza de que se mantuviese. Pero para mi desgracia, no sólo no se mantuvo, sino que tuve que aguantar dos de las peores películas del festival. Una buena primera películas y dos verdaderos fiascos entre lo que pude ver en la cuarta jornada del Nocturna 2015.

LIZA, THE FOX FAIRY

Budapest, 2012. július 3. Balsai Mónika (b) Liza és David Sakurai japán származású dán színész (j) Toni Tani szerepében játszik egy jelenetben a Liza, a rókatündér (Liza the fox fairy) címu film forgatásán, a budapesti Raliegh stúdióban. A magyar-svéd koprodukcióban készülo film, amely elsoként kapott gyártási támogatást a Magyar Nemzeti Filmalaptól (MNF), a rendezo Ujj Mészáros Károly elso nagyjátékfilmje. MTI Fotó: Kallos Bea

A la proyección le precedería el corto A través del espejo, versión libre de Alicia en el país de las maravillas dirigida por Iván Mena. Más logrado en la faceta visual que en la narrativa, el cortometraje derrocha una inventiva que suple las carencias que pudiera tener. Cabe destacar que está auto-financiado, por lo que es de admirar el resultado logrado.

La primera película que vimos hoy fue Liza, the fox fairy, una comedia húngara a la que le tenía muchas ganas. Tenía la incertidumbre de ver qué salía de la combinación del cine de un país de Europa del este como Hungría, y de un género como la comedia, que no debe ser muy común allí. Liza es una joven enfermera que busca desesperadamente el amor, pero no será hasta el día de su 30 cumpleaños cuando parezca ir a encontrarlo. El fantasma de un antiguo cantante de pop japonés, Tomy Tani, se encargará de ir eliminando uno a uno a todos aquéllos que parezcan poder darle a Liza ese amor que tanto busca. Un ejercicio de estilo propio de un país como Hungría al servicio de una hilarante comedia, repleta de personajes peculiares y perfectamente definidos. Durante los primeros minutos no conectaba con ese humor tan gamberro, incluso a veces absurdo, que propone Károly Ujj Mészáros, pero con el transcurso de la historia uno no puede resistirse a disfrutar de unos personajes y situaciones descacharrantes, a los cuales acompaña de manera brillante una banda sonora muy variada. Una parodia sobre la búsqueda del amor verdadero que tiene todas las papeletas para llevarse el premio del público en esta edición del Nocturna. Una original propuesta que combina a las mil maravillas el fantástico y la comedia.

HELLMOUTH

Hellmouth

El anciano Henri, cansado tras una existencia llena de tribulaciones, se alegra de llegar al fin de los días. Cuando está dispuesto a ir al cielo, llega una funcionaria enviada por Dios para comunicarle que deberá ir al purgatorio por no haber conseguido su objetivo vital: ser campeón de descenso en trineo. Así, Henri tratará de convencer a la funcionaria con las buenas acciones que ha llevado a cabo en su vida. Ésta es la premisa de la que parte Dernière formalité, cortometraje dirigido por el belga Stéphane Everaert, un trabajo de lo más gracioso que se encargaría de preceder el verdadero horror: Hellmouth.

Un moribundo enterrador es obligado a trasladarse a vigilar un cementerio durante los siguientes seis meses, pese a su inconformidad. En el viaje conocerá a una hermosa mujer, de la que se enamorará, y tendrá que viajar en el tiempo para salvar su alma. La premisa de Hellmouth sería algo así, aunque poco importaría que contase otra cosa totalmente distinta. John Geddes, su director, muestra una total capacidad para aburrir al espectador. La cuidada estética comiquera en blanco negro no es más que puro envoltorio, no parece tener relevancia su uso y, evidentemente, es incapaz de salvar del naufragio a un producto del que podría haberme ahorrado el visionado. Su ridiculez se evidencia a través de unas subtramas sin pies ni cabeza, que dejan entrever la crisis creativa -como mínimo- del guionista. Sin ninguna duda, la peor película de lo que llevamos de Nocturna. Un verdadero sufrimiento desde sus primeros compases hasta que concluye su interminable final.

DON´T SPEAK

don´t speak

Antes de la proyección de Don´t Speak, cuyo equipo se encontraba en la sala, pudimos ver el corto Manías, dirigido por Santiago Capuz. El trabajo de Capuz habla de Félix, un joven que, como todo el mundo, tiene manías. Pero una de sus manías consiste en comer carne humana. Es, de lejos, el mejor cortometraje que he visto por ahora en esta edición del Nocturna. Pese a ser simplemente una presentación de Félix y sus amigos, consigue arrancar más carcajadas en 13 minutos que la mayoría de películas. Más que posible premio del público al mejor cortometraje.

La última película de la noche fue Don´t Speak, la ópera prima de Amadeu Artasona, producción española con reparto internacional y rodada en inglés. Un grupo de jóvenes celebran una fiesta en un barco. Uno de ellos sufrirá un accidente, por lo que deberán acercarse a un pueblo que tienen cerca a buscar ayuda. Los peculiares habitantes no parecen por la labor de prestar ningún tipo de ayuda, así los jóvenes deberán evitar, mediante el silencio, la muerte a manos de algo o alguien que desconocen. Aunque en su inicio pueda parecer otra cosa, Don´t Speak no es más que el típico slasher tontorrón que se desencadena sin sentido alguno en busca de un premeditado y sorprendente -esa es su intención- giro final. La primera mitad ni horroriza ni aburre, pese al escaso talento de unos intérpretes que se esfuerzan en no caer en el ridículo. Pero una vez sobrepasada la mitad del metraje, la película comienza a hacer aguas por todos los lados. Los personajes deben, según lo que el propio desarrollo del filme indica, mantener silencio para no ser asesinados, pero sin embargo irán muriendo sin orden ni concierto. La manera de responder a los porqués que utiliza el director en más de una ocasión, es tan primitiva e irrisoria que no conseguirá más que eso: provocar las risas del público. Buena manera de tirar por la borda, y nunca mejor dicho, un inicio nada desdeñable.

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