Críticas, Estrenos

La lección – Tres días, dos noches

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La película bulgara La Lección se alzó con el Premio Nuevos Directores en el pasado Festival de San Sebastián. De no haber conseguido dicho galardón, seguramente no hubiese sido distribuida en nuestro país. La ópera prima de Kristina Grozeva y Petar Valchanov nos cuenta la historia de Nadezhda, una profesora que, tras cometerse un robo en su clase por parte de un alumno, tratará de averiguar por todos los medios quién ha sido el culpable, para así enseñarle una lección sobre lo que está bien y lo que no. Mientras tanto, una serie de circunstancias en su vida privada harán que se vea obligada a realizar actos que dejarán entrever esa doble moral tan característica en nuestra sociedad.

Heredera de muchas cintas del cine social europeo, hace uso de elementos tan usuales como la continua cámara en mano y la ausencia de banda sonora, para así dotar al relato del realismo que caracteriza a este tipo de cinta. El irresponsable y alcohólico marido de Nadezhda se retrasa en la devolución de un préstamo, por lo que ésta deberá reunir en tres días la cantidad de dinero necesaria para evitar el desahucio de su familia. La integridad de la mujer se irá perdiendo poco a poco, y tendrá que tragarse su orgullo y llevar a cabo acciones que nunca se hubiese imaginado. Esa cuenta atrás remite inevitablemente a la última película de los hermanos Dardenne: Dos días, una noche.

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El principal problema de La lección es que, llegado un momento del metraje, buscará encontrar la convergencia entre el drama más realista y el thriller más inverosímil. Con inverosímil me refiero a la continua sucesión de casualidades, impropias en un cine como es el drama social. Así, la crítica y reflejo de una burocracia que en ocasiones supone un verdadero infierno para el ciudadano en situaciones cruciales, se verán lastrados por el patetismo de algunas situaciones, las cuales no harán más que romper el realismo inicial de la propuesta. La película repite un esquema formal y narrativo que hemos visto en multitud de ocasiones, por lo que la capacidad de sorpresa se pierde por completo. Además, el uso de la cámara en mano es demasiado brusco durante todo el metraje, cuando algunos tramos se desarrollan con lentitud y no requerían tanto movimiento.

Los directores de la cinta bulgara quieren mostrar, de manera muy ruin, el paralelismo entre dos acciones similares pero de naturaleza totalmente opuesta. La forma de llevar al límite la naturaleza humana en según qué situación me gusta, pero no creo que pueda funcionar como ningún tipo de lección. No tiene absolutamente nada en común un robo ejecutado por simple rebeldía y por innata naturaleza, con los actos que alguien lleva a cabo cuando tiene que salvar sus bienes más básicos. Ésto, junto a un tramo final al que se llega por puro capricho de sus directores en la escritura del guion, enturbian la desgraciada historia de Nadezhda, llevándola a unos límites que exceden el realismo pretendido.

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La naturalidad con la que todo acontece en Dos días, una noche -obviando su final-, aquí no consigue aparecer en ningún momento, pues como ya he dicho, parece que todo el desarrollo de la película existe únicamente para justificar ese desacertado paralelismo entre acciones. Una genial Margita Gosheva sostiene en todo momento este alargado relato, que pese a naufragar en sus intenciones, deja algún apunte aislado más que interesante.

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