Críticas, Estrenos

Lost River – La fabulosa fábula de Gosling

En una Detroit post-apocalíptica, enmarcada en un futuro más cercano de lo que nos gustaría, el impago de las hipotecas obliga a la mayoría de familias a abandonar sus hogares. Lo que un día fue una ciudad de supuesta prosperidad y crecimiento, pasa a ser el lugar idóneo para que Ryan Gosling, en su primer trabajo tras las cámaras, nos meta de lleno en el futuro -y presente- que nos depara esta sociedad capitalista, aquella en la que un director de sucursal bancaria te recomienda solicitar préstamos que te llevarán a la ruina, la misma en la que su sustituto crea un club de provecho social nulo para seguir arruinando a las pocas personas que aguantan en la ficticia ciudad de Detroit que nos ocupa: Lost River.

En esa ciudad que se nos presenta en los créditos iniciales, el joven director y actor canadiense presenta una película importante, que habla de cosas más importantes, y que lleva a cabo como si de un cuento se tratase, contando una historia de las de siempre como nunca lo habían hecho antes. Porque en Lost River hay un hermano mayor que promete proteger al pequeño del monstruo, un dinosaurio e incluso dragones. Esa forma de contar las historias es lo que diferencia a un simple director de un autor; yo me aventuro a afirmar que Ryan Gosling se encuentra en el segundo grupo, pese a que, evidentemente, tenga mucho terreno por delante.

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Ir a ver esta película habiendo leído la sinopsis y las críticas de Cannes significaría cometer un craso error, porque parece que los periodistas se pusieron de acuerdo para no asistir al pase y elaborar sus textos conforme a su equívoco argumento. “Surrealista”, “mezcla y/o copia de (inserte nombres de directores controvertidos y que den una gran importancia a la estética del filme)”, “la amarás o la odiarás”, son algunas de las cosas que se dijeron -y se siguen diciendo- tras ser proyectada en el festival de la costa azul francesa. Es evidente que Lost River puede gustar más o menos, pero más lo es el hecho de que no es una película inaccesible ni mucho menos, pues pese a dotar a la película de una importancia visual innegable, ésta sigue una línea narrativa totalmente lineal y nada críptica o confusa. Dudo que alguien vaya a creerse que con Lost River se va a encontrar un material puramente convencional.

Billy (Christina Hendricks) es una madre soltera con dos hijos que lleva tres meses de atraso en el pago de la hipoteca. Ante la creciente amenaza de perder su hogar, Billy se verá obligada a trabajar en un club nocturno de lo más violento, perverso y enfermizo. Su hijo mayor, Bones, tendrá que enfrentarse, junto a su vecina Rat, al rey de esta ciudad decadente, Bully, que no es más que un eficaz reflejo de lo bajo que ha caído este mundo que apreciamos aquí. Bones descubrirá una ciudad subacuática que esconde parte del pasado de Lost River, ciudad que no se llama así por casualidad.

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El principal aliciente de la ópera prima de Ryan Gosling es su potencia visual, influenciada -lógicamente- por su amigo y maestro Nicolas Winding Refn. Pero, inesperadamente, sólo me acuerdo de Refn en esa fotografía de Benoît Debie, donde destacan luces de neón y diversos objetos en llamas, desde casas hasta bicicletas, en la oscuridad detroitesa. La atmósfera construida en Lost River somete al espectador a una hinopsis que se alarga durante sus 95 minutos de duración (sí, hasta el último segundo). A la sugerente y brillante estética hay que sumarle la excelente composición musical de Johnny Jewel, que se encarga de hacer que la fuerza de cada imagen alcance las cotas más altas posibles.

Las referencias de las que tanto se ha hablado estos últimos días me parecen bastante absurdas, más allá de que el tono de esta película no sea precisamente parecido al de ninguna de sus supuestos referentes. Todos los directores, y más en su primera película, plasman en la pantalla detalles que recuerdan, en mayor o menor medida, a otros cineastas. No obstante, en Lost River no vislumbro más que eso: detalles. Me quedo con que esta ópera prima contiene algunas de las secuencias más potentes que he visto desde el club de Exótica, la fiesta de Eyes Wide Shut, o El Club Silencio de Mulholland Drive.

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Esperemos que esto sea más que un logro puntual, porque sin llegar a parecerme una obra maestra, Lost River es sin duda la apuesta más atrevida de 2014, y una genial película que espero gane adeptos con el paso del tiempo. Inicio prometedor como director y guionista del canadiense, que nos permite soñar con un cine que apela a los cinco sentidos.

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