Críticas, Otros

Her – Play a melancholy film

Tuve la oportunidad de verla en el cine cuando se estrenó, y por aquel entonces me pareció sencillamente una buena película. Echaba de menos la originalidad de Kaufman para una historia como ésta y no podía evitar establecer ciertas odiosas comparaciones entre «Her» y la «Eternal Sunshine of the Spotless Mind» de Michel Gondry. No sé bien por qué. Así que hasta hoy la he considerado una película con muy buenas intenciones pero incapaz de cruzar la línea que separa lo bueno de lo notable. Una cinta en cierto sentido (ligeramente) ingenua, (ligeramente) inmadura, (ligeramente) artificial, lastrada por la falta de talento de su director. Digo «hasta hoy» porque, deseando estar equivocado, me he decidido a verla por segunda vez.

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Mi vida, para bien o para mal, no ha cambiado prácticamente nada desde entonces, y tras este revisionado no he cambiado realmente de opinión ni respecto a Jonze –en quien sigo echando en falta talento– ni en cuanto a su película en general –a la que sigo pensando que le falta «algo» para cruzar la barrera de la que hablaba anteriormente.

Y, sin embargo, tengo la sensación de que hoy he visto una cosa muy distinta de la que vi hace un año. Nada ha cambiado, pero he descubierto otro enfoque, y es que tal vez todo este tiempo he cometido un error considerándola la historia de un amor cuando, más bien, es la historia sobre otra cosa. Como si Samantha no fuese más que un detalle, un detalle contado de tal forma que sea fácil confundirlo con la historia principal, que no es más que la historia de un hombre destrozado por una ruptura, incapaz de manejar las emociones reales, que busca el amor donde no lo hay. Una historia de estar perdido, de encontrarte solo en medio de una multitud, de sentirte vacío, inútil, seguro de que nunca más volverás a ser feliz, porque todo lo que tocas se rompe en pedazos.

Her (23)

Desde este nuevo punto de vista, «Her» se convierte en una cinta madura, profundamente triste y horriblemente real. Y, a ratos, me da la impresión de que no se trata de otra cosa sino de una carta, una carta de desamor que Spike Jonze comparte con nosotros. Bajo esta nueva mirada me resulta imposible creer que Jonze no está hablando de su propia vida, de su tristeza y de su sensación de no terminar de encajar en nada. Hay un tono, un sentimiento que flota en la película, que sé que es natural, porque lo he sentido antes. No es artificial, es genuino.

No hacía falta Kaufman, porque su genio no habría tenido cabida en la sencilla y delicada historia de «Her», porque su infinito talento quizá habría servido para confundir más, si cabe, el posible propósito real de la película, para envolver emociones puras, reales, propias, en un caos imaginativo brillante, lo que mejor se le da. Pero esta vez no es necesario tanto, por eso Jonze hace hablar a su protagonista, que nos dicta la carta: «I just wanted you to know there will be a piece of you in me always, and I’m grateful for that».

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Sólo otra obra de este mismo siglo me ha hecho sentir de la misma forma. Lamento horrores que me parezca que ambas difícilmente cruzan la barrera de lo notable, pero inevitablemente las dos me encantan. Ambas podrían confundirse fácilmente con historias de amor, son un estado de ánimo en sí mismas, y tienen casi las mismas virtudes y defectos. Hay un algo tierno, triste, real en sus fotogramas. Y, a veces, me gusta creer que entre ellas existe una relación.

[Play a different melancholy film]

Lost in Translation (4)

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